Bestiario Jurídico. El cerdo

In England once there lived a big
And wonderfully clever pig.
To everybody it was plain
That Piggy had a massive brain.
He worked out sums inside his head,
There was no book he hadn’t read,
He knew what made an airplane fly,
He knew how engines worked and why.
He knew all this, but in the end
One question drove him round the bend:
He simply couldn’t puzzle out
What LIFE was really all about.
—Roald Dahl

De leyendas urbanas y la personalidad del cerdo

Los gambusinos especialmente interesados en las perlas jurídicas, solemos quedar encantados con los múltiples listados disponibles de leyes curiosas del mundo, por ejemplo, la finlandesa que obliga a los taxistas a pagar derechos de autor si ponen música, mientras llevan a los clientes de un sitio a otro; la de Michigan que prohíbe el lanzamiento de pulpos, y la francesa —“muy antigua”— que prohíbe que a un cerdo se le ponga el nombre de Napoleón.

Y aquí es necesaria una escala temprana para el desmentido: no ha habido ni hay ley alguna en Francia que prohíba que un cerdo sea llamado Napoleón. ¿Cómo surge entonces este bulo tan peculiar? Al investigar sobre La vie extraordinaire du cochon Napoléon, Sophie Muffat detecta que en ninguno de los veinte volúmenes de leyes emitidas durante el Primer Imperio, ni en los nueve volúmenes del Consulado y tampoco en el único volumen de los Cien Días hay alguna disposición semejante. Es necesario remitirse hasta muy entrado el siglo XX, cuando Orwell publicó The Animal Farm (1945). En el prefacio para la primera edición ucraniana, de 1947, quiso el autor enfatizar que “muchos lectores han terminado el libro con la impresión de que, al final, se produce una reconciliación entre los cerdos y los humanos. Esa no era mi intención, sino que, por el contrario, quería terminarla con una nota discordante, precisamente porque la había escrito inmediatamente después de la Conferencia de Teherán, acerca de la cual todo el mundo pensaba que había servido para establecer una relación excelente entre la URSS y Occidente. Yo personalmente no creía que esa relación fuera a durar mucho, y no estaba equivocado, como después han demostrado los acontecimientos”.

Y fue, justamente, en Francia donde se gestó la “ley muy antigua” en cuestión. Para la primera edición francesa de The Animal Farm, de 1947, el editor (O. Pathé) rechazó categóricamente que un cerdo (alegoría de Stalin) llevara el nombre de Napoleón. Mismo criterio de la editorial Gallimard, y para la segunda edición, el cerdo llevaría el nombre de “César”. Fue hasta la edición francesa de 1981 cuando el cerdo de “Rebelión en la Granja” recobró su identidad original. Por tanto, la “ley muy antigua”, se trató en realidad, de un veto editorial de 1947.

Pero más allá del nombre que lleve el personaje, lo más destacado son las cualidades que Orwell atribuye a estos animales: “…se llegó a aceptar que los cerdos, que eran manifiestamente más inteligentes que los demás animales, resolverían todas las cuestiones referentes al manejo de la granja, aunque sus decisiones debían ser ratificadas por mayoría de votos”.

Innegable y por demás verificable, es la inteligencia del cerdo (forman parte de un aristocrático póker que completan el chimpancé, el delfín y el elefante). Ahora bien ¿un cerdo es una persona? Luis Javier Plata Rosas en “Aproximación a los cerdos: Contra el desdén de la brillantez porcina”, responde con un rotundo sí: “Y no sólo los cerdos, también peces, aves y otros mamíferos muestran diferencias individuales que cumplen con los criterios para definirla como “personalidad” tanto en psicología como en psicología comparada; una definición que permite su evaluación en animales de diferentes especies es: “Aquellas características de un individuo que describen patrones temporalmente estables de afecto, cognición y comportamiento”. Los cerdos muestran por lo menos tres factores o rasgos de personalidad, que algunos científicos consideran son el equivalente, en el Modelo de los Cinco Grandes propuesto para humanos por el psicólogo Raymond Cattell a: amabilidad, extroversión y apertura a nuevas experiencias”.

El cerdo es virtuoso, y una muestra fehaciente de su lealtad ha sido compartida por Claudio Eliano: “reconoce la voz del porquerizo y acude, si le llama, aunque ande vagabundeando. El testimonio de esto lo tenemos a mano. Unos malhechores atracaron su nave pirata en la costa de Etruria y, adentrándose en ella tropezaron con un establo, que albergaba muchos cerdos y era de unos porquerizos. Los piratas se los apropiaron, los embarcaron y, soltando amarras, prosiguieron el viaje. Los porquerizos, mientras los piratas se hallaban presentes, se mantuvieron quietos pero, una vez alejados de la costa, a la distancia a la que llega el grito de un hombre, llamaron a los cerdos con su voz acostumbrada para que volviesen. Y en cuanto ellos oyeron la llamada, colocándose todos a un mismo costado del barco, lo volcaron. Los malhechores perecieron al instante y los cerdos llegaron nadando adonde estaban sus amos” (Historia de los animales, VIII, 19).

Y, efectiva y destacadamente, el cerdo muestra una apertura generosa a nuevas experiencias; por ejemplo, en “Music Therapy for Pigs Created in Open Pen”, publicado en International Journal for Innovation Education and Research, Harue Ito; Oliveira da Silva Miranda, y Sá Freire Lamarca analizaron los efectos de la musicoterapia en las distintas conductas (agonística; estereotipada, lúdica y normal) de diez jóvenes cerdos en fase de crecimiento, criados en corral abierto. Y concluyen que la musicoterapia tiene una influencia positiva en el comportamiento y bienestar de dichos animales. La música influyó favorablemente en las interacciones, en el juego, y en la reducción de la incidencia de peleas y persecuciones entre la población objetivo.

¿Cuál fue la música elegida por los investigadores para llegar a tan alentadoras conclusiones? Se trató del “Prelude” de la Suite para violonchelo n.º 1, BWV 1007, de Bach. ¿Cuáles habrían sido los resultados del experimento si, en lugar de Bach a los jóvenes cerdos les hubiesen ofrecido Hiperprisma, de Varèse, que a Olin Downes, crítico del New York Times le recordó: “…a la noche electoral, a una o dos casas de fieras y a una catástrofe en una fábrica de calderas”?

Ilustración: Oldemar González

“En una calle de Toledo se arrestó, juzgó y condenó a unos cerdos que perversamente pasaron corriendo entre las piernas del virrey, causándole gran sobresalto”

La disputa entre los animales y el hombre, escrita por los “Hermanos de la Pureza” (Ijwān al-Ṣafā’), ofrece un pasaje especialmente revelador, cuando el camello le dice: “levántate, habla y cuenta las injusticias que los hombres cometen con las piaras de cerdos…” tras lo cual, el cerdo recita una emotiva lamentación:

• Los musulmanes “dicen que somos unos animales malditos, metamorfoseados. Consideran horrible nuestra figura, repugnante nuestro olor e impura nuestra carne y se abstienen de mencionar nuestro nombre”.

• Los cristianos, en cambio, “disputan por comer nuestras carnes en sus ágapes, se consideran bendecidos por Dios con ella y le hacen ofrendas de ésta”.

• Los judíos “nos odian, injurian y maldicen sin que les hayamos ofendido o dañado. Esto se debe a la enemistad que tienen con los cristianos”.

• Los bizantinos y los armenios “nos consideran como las demás gentes consideran al ganado mayor y menor y encuentran en nosotros una bendición por nuestros lozanos cuerpos, nuestras carnes mantecosas y el gran provecho que de nosotros sacan”.

• Los médicos griegos “medicinan con nuestra manteca y la recetan en sus medicamentos y tratamientos”.

• Los palafreneros “mezclan nuestra manteca con la medicación y el forraje que dan a sus caballerías, ya que el estado de éstas, según ellos, mejora con esta mezcla y con la aspiración de nuestros olores”.

• Los encantadores y magos “rivalizan por utilizar nuestra piel para sus libros, fórmulas de encantamiento, hechizos y patrañas”.

• Los zapateros y remendones “se disputan nuestro pelo y se apresuran a arrebatárnoslo, dada la gran necesidad que tienen de él”.

Pienso que a este cerdo solo le faltó agregar que los antiguos egipcios también los aborrecían por “impuros y omnívoros”.No debe sorprender, por tanto, la concluyente respuesta del animal al camello: “ciertamente se nos trata de un modo injusto”.

“El jefe de las bestias hediondas es el cerdo”: esta declaración aparece en la página 56 del abanico de procesos que Evans reunió en The Criminal Prosecution and Capital Punishment of Animals(1906); y ese libro es un santuario jurídico al que debo peregrinar para ilustrar el trato —atrozmente— injusto que han recibido los cerdos en los tribunales.

• En 1266, en Fontenay-aux-Roses, un cerdo que había sido acusado de haber devorado a un niño, fue llevado a la hoguera por orden de los monjes de Sainte Genevieve.

• En 1386, en Falaise, una cerda fue sentenciada, primero, a ser mutilada (en la cabeza y en las patas delanteras), y en seguida, a ser ahorcada, por haber desgarrado la cara y los brazos de un niño, lo que provocó su muerte. Para completar la “representación”, la condenada fue vestida con ropa de hombre, y fue llevada en un trineo de madera hasta la plaza pública, cerca del ayuntamiento, donde se completó la ejecución. También la hembra (o supongo que la gente de quien dependía), tuvo que sufragar unos guantes nuevos para el verdugo, conocido entonces como el maître des hautes oeuvres.Este acontecimiento fue representado pictóricamente en el muro oeste de la Iglesia de la Santísima Trinidad en aquella ciudad. La pintura ya no existe, pero fue descrita con frecuencia por varios escritores, lo que ha permitido una vaga reconstrucción, y llamó tanto la atención de Evans, que la eligió como portada de su libro.

• En 1394, un cerdo fue declarado culpable por el asesinato de un niño en la parroquia de Roumaygne, y condenado a la horca. El ahorcamiento fue llevado a cabo por el verdugo, llamado Jehan Micton, quien recibió 50 sous tournois, por honorarios.

• También en 1394, en Mortain, un cerdo fue sentenciado a la horca por haber devorado sacrílegamente una hostia consagrada. También ese año fatídico, un cerdo fue condenado por matar a un niño y comer su carne “aunque era viernes”.

• En 1403, en Meillant se emitió la relación de gastos derivados del encarcelamiento y ejecución de un cerdo que había devorado a un niño: “por la alimentación para el animal encarcelado: seis sols parisis; por el maître des hautes oeuvres (el verdugo), que se había trasladado desde París: 54 sols parisis; por el alquiler del vehículo que trasladaría al cerdo al patíbulo: seis sols parisis; por la soga para atarlo y jalarlo: dos sols yocho deniers parisis; por los guantes: dos deniers parisis”.

• A principios de 1457, en Savigny, ocurrió uno de los casos más interesantes y mejor documentados. Una cerda fue encontrada culpable por el homicidio cometido en contra de Jehan Martin, de cinco años, y fue condenada a ser colgada de las patas traseras a una horca. Sus seis pequeños lechones, que fueron encontrados, cada uno de ellos, manchados de sangre —aparentemente, de la víctima—, fueron incluidos en la acusación, como cómplices. Pero ante la falta de pruebas para acreditar su participación en la mutilación del difunto, fueron devueltos a su dueño, a cambio de una fianza, y sin perjuicio de volver a ser citados los jóvenes lechones, en caso de que se presentaran pruebas que acreditaran su rol en el crimen cometido por su madre. Unas tres semanas después, los lechones fueron citados nuevamente ante la corte local. Ante la situación, su dueño, llamado Jehan Bailly, renunció a garantizar la buena conducta futura de las criaturas, y los repudió abiertamente. De la sentencia pronunciada el 10 de enero de 1457, este es un fragmento: “…en cuanto a los lechones de la cerda anteriormente mencionada, declaramos aquí que aunque se halló a dichos lechones cubiertos de sangre, la culpabilidad de los mismos no está suficientemente probada, de modo que deberá abrirse juicio por separado, y se los remitirá en custodia de Jean Bailly, hasta la fecha del nuevo proceso, siempre que Jean Bailly deposite una garantía de 100 sols tournois, para el caso de que se falle la culpabilidad de los lechones”. Y en la sentencia del 2 de febrero siguiente, se sostuvo que, como el propietario de los lechones no estaba dispuesto a depositar la fianza para garantizar la buena conducta de los jóvenes animales, debía considerarse que éstos habían sido abandonados, y fueron declarados bienes mostrencos, por lo cual correspondía entregarlos a una noble llamada Katherine de Barnault.

• En 1463, en Amiens, dos cerdos fueron enterrados vivos por haber desgarrado con sus dientes a un niño pequeño, que falleció (o como se decía en aquel tiempo, “pasó de la vida a la muerte”, étoit allé de vie a trépas).

• En 1474, en Lausana, un cerdo fue condenado a ser colgado “hasta la muerte”, por haber devorado un niño en la comuna de Oron. El obispo local también dispuso que el cerdo ahorcado permaneciera suspendido durante un tiempo, como advertencia para los malhechores.

• En 1494, en Clermont-lez-Montcornet, un joven cerdo fue arrestado por haber estrangulado y desfigurado el rostro de un bebé en su cuna. Al dictar sentencia, el juez “despreciando y horrorizado” por dicho crimen, y a fin de poner el ejemplo, lo condenó a ser estrangulado por el maître des hautes oeuvres.

• En 1499, cerca de Chartres, un matrimonio fue condenado a pagar una multa de 18 francos (y a estar en prisión hasta que se reuniera dicha cifra) porque un cerdo de su propiedad mató a un niño, llamado Gilon, de un año y 6 meses de edad. El cerdo, desde luego, fue condenado, y ahorcado. La multa a los propietarios del animal fue impuesta por negligencia (al no haber protegido al niño que estaba bajo su cuidado), y no porque tuvieran alguna responsabilidad patrimonial sobre el animal infanticida.

• En 1558,un cerdo de Saint-Quentin fue condenado a ser enterrado vivo, por haber devorado a un niño en el hostal de La Couronne.

• En 1585, en Saint-Omer ocurrió algo parecido a lo relatado en Lausana (1474): el cuerpo de un cerdo, que había sido ejecutado por el asesinato de un niño, permaneció colgado en un campo cercano a la carretera, durante un largo periodo.

• En 1864, en Pleternica, Požega-Eslavonia, (Croacia), un cerdo fue juzgado y ejecutado por haber mordido maliciosamente las orejas de una bebita de un año. La carne del animal ejecutado fue trozada y arrojada a los perros, y el individuo a cuyo cargo estaba el cerdo agresor, fue obligado a subsidiar la dote de la pequeña mutilada, con la finalidad de que la pérdida de sus orejas no fuera un obstáculo insuperable para contraer matrimonio.

“He oído que, en Clazómenas, nació una cerda con alas, que por cierto, asolaba el territorio”

Con excepción del cerdo que fue condenado por comerse la hostia consagrada, todos los casos relatados hasta ahora se relacionan con niños que son devorados por estos animales. Ya Eliano había dejado constancia de su preocupación: “la cerda, en su insaciable glotonería, no perdona ni a sus propios hijos; es más, si se encuentra con el cuerpo un hombre, no se abstiene de él, sino que lo devora” (X, 16). Y ese tipo de conductas, lamentablemente no son privativas de la Edad Media. En China, en 2014, ocurrió lo mismo: un niño de dos años, que estaba jugando en el jardín de la granja familiar, se metió al corral donde había varios lechones, y su madre, al verlos amenazados por la presencia del niñito, lo atacó hasta matarlo. Tras ello, la cerda comenzó a devorar la cabeza del niño. Los padres del menor llegaron al corral y encontraron a la hembra en plena masticación.

A falta de un juez que resolviera este caso, y mucho menos, de un maître des hautes oeuvres, entre los padres y otros aldeanos aprehendieron a la hembra, y fue atada a un árbol, antes de matarla y abrirle el estómago (donde hallaron fragmentos del cráneo y cabello del niño, que mostraron a las autoridades para acreditar los hechos).
Otros casos registrados en los últimos siglos no tienen nada que ver con este tipo de conductas relacionadas con el inmoderado, opíparo y omnívoro apetito porcino. Pero inquieta que en el siglo XXI ya muy entrado en años, el cerdo siga siendo habitué en el repugnante menú de expresiones de odio, o bien. como si este animal fuera la figura pertinente para ser asociada a la conducta dedelincuentes sexuales (Robert Mugabe, en su momento, primer ministro de Zimbabue, declaró que las personas homosexuales eran “peores que los cerdos”. En 2014, el Tribunal Federal de Suiza resolvió que llamar a alguien “cerdo extranjero” o “sucio buscador de asilo” puede ser insultante, pero no racista. Y en 2020, un tribunal de Naumburgo, Alemania, rechazó una demanda que pedía que se retirara un relieve del siglo XIII de la iglesia de Wittenberg por entender que en la obra había elementos antisemitas ofensivos. El relieve muestra un rabino que levanta el rabo a una cerda para examinarle el ano mientras que otros judíos beben de las tetillas del animal—a partir del siglo XIX el motivo se hizo común en la literatura antisemita alemana acompañado de la expresión “cerda judía” o “cerdo judío”—. El juez Volker Buchloh admitió que, considerado de forma aislada, el relieve tiene un carácter injurioso. Sin embargo, el marco en que este se presenta le quita su carácter injurioso.Y del lado del Me Too, particularmente de la pionera francesa del movimiento, Sandra Muller, resulta que en 2019 fue condenada por una corte de París a pagar 15,000 euros en concepto de daños y perjuicios por difamar al hombre al que había acusado de acoso. Muller creó el famoso hashtag #BalanceTonPorc —“denuncia a tu cerdo”—. En 2021, el Tribunal de Apelaciones de París revocó la condena).

Presento a continuación otros casos que relacionan a los cerdos con el sistema de procuración e impartición de justicia.

Caso 1. Mató a varios cerdos, no por crueldad, sino para defender su cosecha. En 1888, la Corte Suprema de Mississippi, al resolver Stephens v. State, sostuvo que el tribunal que condenó al acusado que había matado a varios cerdos, cometió el error de no haber tomado en cuenta que el individuo no actuó movido por un espíritu de crueldad, o para infringir sufrimientos innecesarios a los animales, sino, justamente, para defender su cosecha, que estaba siendo devorada por los cerdos finados. Por ende, el hombre no era culpable bajo el tamiz del Mississippi Cruelty to Animal Statute.

Caso 2. El sacrificio de cerdos en rituales de santería está protegido por la Primera Enmienda. En 1993, al pronunciarse en Church of the Lukumi Babalu Aye, Inc. v. Hialeah, la Suprema Corte de Estados Unidos resolvió que la iglesia de Lukumi Babalu podía sacrificar cerdos (y otros animales) en sus rituales. Para el Alto Tribunal, las creencias religiosas no tienen que ser aceptables, lógicas, uniformes o comprensibles para otros, para que cuenten con la protección de la Primera Enmienda. Al escribir la opinión de la Corte, el justice Kennedy sostuvo que las prohibiciones estatales: “fueron promulgadas por funcionarios que no entendían, o no percibieron, o decidieron ignorar el hecho de que, con sus acciones, estaban infringiendo el compromiso esencial de la nación con la libertad religiosa”.

Caso 3. Las peleas de perros y cerdos violan las leyes contra la crueldad animal.En 1994, el procurador general de Texas emitió una opinión el sentido de que la organización de peleas de perros contra cerdos era un hecho constitutivo de delito tipificado por la Sección 42.09 del Código Penal, concerniente a la crueldad animal.

Caso 4. El que sequemó a lo bonzo para evitar la demolición de su granja de cerdos. Sucedió en 2010 en China. Un campesino y su padre se quemaron “a lo bonzo”, para protestar por la demolición forzosa de su granja de cerdos, para la construcción de una carretera en la localidad de Huangchuan. El gobierno local indemnizó a la familia con un total de 900,000 yuanes por la muerte del campesino (el padre sobrevivió) y por el derribo de la granja.

Caso 5. El entrenador de la selección de rugby multado a pagar 100 cerdos. Ocurrió en 2011. Tuala Mathew Vaea, entrenador de la competente selección nacional de Samoa, en pleno Mundial de Rugby, fue sancionado por el patriarca de su poblado natal con una multa de cien cerdos, por mala conducta. El informe correspondiente dejo constancia de que Vaea “no quería estar en la concentración del equipo la mayoría de las veces” y “pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo”. El entrenador tomaba la Copa del Mundo (llevada a cabo en Nueva Zelanda) como si fuera una constelación de días festivos, y a menudo jugaba golf, en lugar de dirigir los entrenamientos del equipo.

Caso 6. La pareja condenada por la muerte de un cerdo. Sucedió en 2013, en Venezuela. Un tribunal de Apure condenó a una pareja a 15 días de arresto por la muerte de un cerdo que fue ocasionada por el perro que es propiedad de los detenidos. La pareja fue sancionada por incurrir en las faltas de “vigilancia y dirección con los animales”, admitió que se descuidaron con su perro que ocasionó la muerte al cerdo tras atacarlo.

Caso 7. El cerdo que atacó a un niño en el campamento de la YMCA.En 2015, el Tribunal de Apelaciones de Indiana resolvió Jake Gruber, Jill Sherman, & Jake Gruber b/n/f Jill Sherman v. YMCA of Greater Indianapolis. Resulta que un niño de 11 años que estaba en un campamento de la YMCA fue mordido en la mano por un cerdo que, hasta la fecha, nunca había lastimado a nadie, ni mostrado propensión alguna a la agresividad. El niño y su familia demandaron al campamento. En primera instancia, el asunto fue resuelto a favor del campamento. En la apelación, la víctima y su familia solicitaron al tribunal que se modificara el estándar de responsabilidad de los dueños de animales domésticos, por el de responsabilidad estricta, cuando el animal no era un gato o un perro. El Tribunal de Apelaciones, recordó los precedentes de la Corte Suprema de Indiana sobre los estándares de responsabilidad (siendo claro que la regla era aplicable a todos los animales domésticos, no sólo a gatos y perros), y confirmó la decisión recurrida.

¿A cada cerdo le llega su San Martín? R= no necesariamente

Comencé esta nota con un poema de Roald Dahl acerca de un cerdo muy inteligente que se pregunta sobre el significado de la vida, hasta que súbitamente, se da cuenta:

He jumped up like a ballet dancer
And yelled, «By gum, I’ve got the answer!»
«They want my bacon slice by slice
«To sell at a tremendous price!
«They want my tender juicy chops
«To put in all the butcher’s shops!
«They want my pork to make a roast
«And that’s the part’ll cost the most!
«They want my sausages in strings!
«They even want my chitterlings!
«The butcher’s shop! The carving knife!
«That is the reason for my life!»

De esto ya se habían dado cuenta los cerdos de Ijwān al-Ṣafā’: “…disputan por comer nuestras carnes en sus ágapes, se consideran bendecidos por Dios con ella y le hacen ofrendas de ésta”, y ya había sido advertido por el cerdo Mayor en The Animal Farm: “ni siquiera nos permiten alcanzar el término natural de nuestras míseras vidas. Por mí no me quejo, porque he sido uno de los afortunados. Tengo doce años y he tenido más de cuatrocientas criaturas. Tal es el destino natural de un cerdo”.

No es propósito de esta nota hacer una inmersión en las profundidades del Vía crucis del cerdo, que culmina en el Gólgota del “sistema cárnico”. Si acaso, sirva como una respetuosa invitación al lector a que reconsidere si quiere que este animal inteligente, amable y extrovertido, siga llegando a su mesa, no como un huésped distinguido, sino en un plato como chuleta, chicharrón o carnita.

Y es que, por lo que he compartido, es claro que a los cerdos se les ha tratado, y se les trata de un modo injusto .Me quedo con la imagen alentadora, difundida en Plaza Sésamo, de tres cerdos que acudieron ante Sonia Sotomayor, justice de la Suprema Corte de Estados Unidos, seguramente para denunciar a un lobo por amenazas y daño en propiedad ajena.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública; maestro en administración pública; licenciado en derecho. Autor de Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos, y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo . Twitter: @anaya_huertas

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Publicado en: Bestiario Jurídico