The cat does not offer services. The cat offers itself.
—William S. Burroughs

I’m Not a Cat
—Abogado (vía Zoom)

“A very fine cat, a very fine cat indeed”

No estamos frente a una criatura fácil de definir. Para Bierce, el gato es un autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico. Para el doctor Johnson, se trata, llanamente, de un “animal doméstico que atrapa ratoncitos”. Ya que todo amante o hater de los gatos puede tener su propia y muy válida concepción, como autor de esta nota, totalmente impermeable a los encantos de este animal, me decanto, ontológicamente, por sugerir que el gato “es lo que es”.

Si bien hay indicios de hace ocho o doce mil años, que son prueba de la presencia de felinos en los proto-hogares de Chipre, nada es comparable con la esplendorosa omnipresencia gatuna en el antiguo Egipto. Al respecto, Budiansky, en La naturaleza de los gatos, recuerda que, en 1888, un granjero que estaba arando en un campo de Beni Hassan, situado a orillas del Nilo, a medio camino entre El-Giza y Tebas, desenterró accidentalmente lo que seguramente constituye el mayor cementerio de gatos de todos los tiempos. En total fueron extraídas unas 100 000 momias del yacimiento, testimonio del gran culto al gato que se impuso en la antigüedad.

El mismo autor, en torno a la devoción egipcia por el gato, refiere que Heródoto, que visitó Bubastis (el centro de culto al gato de Egipto), hacía el 450 a. C., describió un templo de impresionantes dimensiones que contenía una estatua colosal de Bastet y miles de gatos vivos alimentados y cuidados por los sacerdotes. Además, escribió sobre el duelo por el que pasaban los miembros de algunas familias cada vez que su gato moría de alguna causa natural: se afeitaban las cejas y, si podían permitírselo, llevaban el cadáver a Bubastis para que los sacerdotes lo embalsamaran y sepultaran. Por su parte, Diodorus Siculus, historiador griego que viajó a Egipto entre los años 60-57 a.c. relató las consecuencias que acontecían cuando un gato no moría por causas naturales:

Quien quiera que mate un gato es condenado a morir, sin importar si lo hizo deliberadamente o no. La gente se reúne para matarlo. Un desgraciado romano que había matado un gato accidentalmente no pudo ser salvado, ni por el rey Ptolomeo de Egipto ni por el miedo que Roma inspiraba.

No es, desde luego, que los gatos tuvieran un contrato de exclusividad en el sistema egipcio de veneraciones (sostiene Budiansky, que los egipcios adoraban a los gatos como si fueran dioses porque adoraban a todo tipo de cosas, y los gatos estaban a la mano).

Así que no es completamente seguro afirmar que los gatos egipcios eran recipiendarios de la mayor veneración y, en todo caso, me adhiero al comentario de Lord Kitchener(recabado por Nigel Nicholson en Portrait of a Marriage): “No puedo tener una opinión demasiado buenade un pueblo que dibujó gatos de la misma manera por cuatro mil años”.

Un poco más lejos de la adoración, y más cerca de la ecuanimidad científica, Eliano, en Historia de los Animales, observa:

El gato macho es sumamente lujurioso, la hembra es amante de sus gatitos y evita el contacto sexual con aquél, pues emite un esperma muy caliente y parecido al fuego que quema el órgano femenino. Como esto lo sabe el macho, mata a sus crías y, llevada la gata del deseo de tener otras, se ofrece a satisfacer su lujuria. Se dice que los gatos aborrecen y odian todo lo pestilente y, por eso, depositan su propia defecación en un hoyo que hacen de antemano, para hacerla desaparecer echando tierra sobre él (VI, 27).

La Edad Media nos ha legado Ejemplarios, como “El Libro de los Gatos”, de Odo de Chériton, que a pesar de su prometedor título, no se trata de un estudio monográficoacerca de estos animales, sino más bien, de una miscelánea con narraciones, auténticas y ficticias, normalmente rematadas por una moraleja. Más accesibles, pese a su simbología hipnótica, son otros Bestiarios, como el de Aberdeen, que, acerca del gato, afirma que: “es llamado musio, cazador de ratones, porque es el enemigo de estos. Comúnmente se le llama catus, gato, por captura, el acto de cogerlos. Otros dicen que el nombre viene de capto, porque atrapa a los ratones con sus agudos ojos. Pues tiene una vista tan penetrante que vence a la oscuridad de la noche con el brillo de la luz en sus ojos. Así, catus significa en griego agudo, o ingenioso” (no fue, por tanto, gratuita la definición del doctor Johnson: “animal doméstico que atrapa ratoncitos”).

Otros Bestiarios coinciden, en términos generales, en atribuir a estos felinos comportamientos lascivos, alegría juvenil, y virtudes proféticas:“Si veis un gato sentado en una ventana al sol, lamiéndose el trasero y levantando la pata para pasarla por encima de la oreja, no dudéis que ese día no lloverá”. Finalmente, el Bestiario de Arreola es contundente: “si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco y que de vez en cuando se acuerda de su origen y nos da un leve arañazo. Sólo algunos príncipes orientales pueden darse el lujo de poseer felinos en formato mayor, que ronronean como una locomotora…que devoran ellos solos la mitad del presupuesto palaciego”.

Indiscutiblemente, hoy día el gato es un rockstar de tal magnitud que dejaría perplejos a los más recalcitrantes egipcios antiguos. No es casual que se trate del único animal con tres “días internacionales” en el calendario (20 de febrero, 8 de agosto y 29 de octubre).Y el gato es también paradigma de veneración intelectual; entre tantas opciones, busque el lector las imágenes y testimonios de: Capote; Murakami; Pound; Bukowski; Borges; Bradbury; Burroughs; Cortázar; Hemingway; Hesse; Huxley; Gorey; Byron; Sartre; Twain, y Monsiváis(quien siempre tuvo muchos gatos “para no ver fantasmas”).

A los fines de esta nota, destaco, tan solo, el testimonio del doctor Johnson y que Boswell, recolecta en la Biografía:“Nunca olvidaré la indulgencia con que trataba a Hodge, su gato, por el cual se tomaba incluso la molestia de salir a comprar ostras, no fuera que los criados, viéndose ante semejante encargo, terminasen por aborrecer al pobre animal. Por desgracia, soy una de esas personas que tienen una invencible antipatía a los gatos, hasta el punto de no sentirme a gusto en una habitación donde haya uno, y reconozco que con frecuencia sufrí mucho por la presencia del tal Hodge. Recuerdo que un día se encaramó al regazo del doctor Johnson, hasta su pecho, aparentemente con gran contento, mientras mi amigo sonreía y silbaba y chistaba a la vez que le acariciaba el lomo y le atusaba la cola; cuando comenté que era un gato excelente, respondió: “Desde luego, señor mío, pero he tenido gatos que me gustaron más que éste”, y como si en ese momento notase la contrariedad de Hodge, añadió de inmediato: “Pero es un gato excelente, un gato espléndido, desde luego” (a. D. 1783, Aetat 74).

El tal Hodge, el gato del mismísimo doctor Johnson, alcanzó mayor notoriedad póstuma: desde un poema de Percival Stockdale (“An Elegy on the Death of Dr. Johnson’s Favourite Cat”), y una escultura de bronce del felino (instalada a las afueras de la casa donde vivió Johnson), hasta ocupar un lugar en el libro 100 Cats Who Changed Civilization: History’s Most Influential Felines,de Sam Stall.

Cierro este apartado con Baudelaire, quese rinde ante la omnipotencia de esta esfinge doméstica:

C’est l’esprit familier du lieu;
Il juge, il préside, il inspire
Toutes choses dans son empire;
Peut-être est-il fée, est-il dieu?

Ilustración: Estelí Meza

De la veneración a la condenación

En la azotea de la Corte de Distrito en Portland, Oregon, hay una escultura de Tom Otternes, intitulada: Cat on Trial in Law of Nature. Preside el juez búho; el jurado está conformado por perros, aves y ratones; otro perro, elegante, con gafas, parece ser el fiscal que está leyendo los cargos a un gato encadenado del cuello, que parece mirar fijamente al fiscal, o al infinito, mientras parece estarse fumando un “recuerdo”.

Pero una cosa son las leyes o los “juicios”natura naturans, y otra, años luz distante, la estigmatización, persecución, procesamiento, tortura y ejecución de gatos, como las que tenían lugar en la Francia del siglo XVIII, y que Robert Darnton recaba en La gran matanza de los gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Si hemos de dar crédito (o incluso, si se toma con las mayores reservas) al relato de Nicolas Contat, aprendiz en una imprenta de la calle Saint-Séverin, en París, allá por 1730, las circunstancias resultan ser por los menos tétricas:

  • La vida del aprendiz era dura (…) sólo recibían como paga las sobras de la comida. Esto les parecía especialmente odioso. En vez de comer en la mesa con el patrón, sólo les daban las sobras de su plato en la cocina. Peor aún, la cocinera vendía en secreto los restos de la comida y les daba a los muchachos alimento para gatos: carne vieja y podrida que no podían tragar, y que ellos devolvían a los gatos, mismos que la rechazaban.
  • Esta última injusticia impulsó a Contat a hablar de los gatos. La esposa del patrón los adoraba, en especial a Grise, su gata favorita. La pasión por los gatos parecía haberse apoderado de todas las imprentas, por lo menos a nivel de los patrones o burgueses, como los llamaban los trabajadores. Un burgués conservaba 25 gatos. Tenía sus retratos pintados y los alimentaba con aves asadas. Mientras tanto, los aprendices trataban de enfrentarse al problema del exceso de gatos callejeros que vivían en el barrio de las imprentas y que volvían insoportable su existencia. Los gatos maullaban toda la noche en el techo sobre el sucio cuarto donde dormían los aprendices, lo que les hacía imposible conciliar el sueño durante la noche.
  • Una noche los muchachos decidieron corregir esta injusta situación. Léveillé, otro aprendiz que tenía una extraordinaria capacidad para la mímica, caminó a gatas por el techo hasta que llegó a una sección cerca de la recámara del patrón, y se puso a maullar y aullar en forma tan macabra que el burgués y su esposa no pegaron los ojos en toda la noche. Después de varias noches de sufrir este tratamiento, decidieron que los habían embrujado. Pero en vez de llamar al cura (el patrón era excepcionalmente devoto y la patrona especialmente apegada a su confesor) les ordenaron a los aprendices que se deshicieran de los gatos.
  • Armados con mangos de escoba, varillas de las prensas y otros instrumentos de trabajo, persiguieron a todos los gatos que pudieron encontrar. Empezaron con Grise. Léveillé le rompió la columna vertebral con una varilla de fierro y Jerome (otro aprendiz) la remató; después la ocultaron en un albañal. Los obreros arrearon a los otros gatos por los techos; apalearon a los que se pusieron a su alcance y, con sacos colocados estratégicamente, atraparon a los que trataron de escapar. Vaciaron los sacos llenos de gatos moribundos en el patio.
  • Después, todos los trabajadores de la imprenta se reunieron y realizaron una parodia de juicio, con guardias, un confesor y un verdugo. Después de declarar culpables a los animales y administrarles los últimos sacramentos, los remataron en patíbulos improvisados. Tras ello, los hombres se entregaron a un éxtasis de «alegría», «desorden» y «risa».

Darntonmatiza el relato de Contat, sugiriendo que su relato debe interpretarse como su intento de narrar un cuento. Tal vez —añade—, se trató de un juicio metafórico: Como en muchos Mardi Gras, el carnaval terminó en una parodia de juicio y una ejecución. La parodia judicial era natural para los impresores, porque hacían juicios falsos cada año en la fêtede San Martín, cuando la capilla arreglaba cuentas con su patrón y lograba espectacularmente que “prendre la chèvre”(literalmente, se encabronara), y así se ajustaban cuentas, y terminaba la historia.

Pero definitivamente, no convenía ser gato en Francia, y no solo en las cercanías de la imprenta de Jacques Vincent. En distintas celebraciones o carnavales, los felinos franceses eran torturados, mutilados, quemados en piras, y aventados desde las alturas. Y Francia no tenia esta exclusiva y ritual brutalidad; Darnton da cuenta de que en Londres, durante la Reforma, una multitud protestante rasuró a un gato para que pareciera un sacerdote, le puso una vestimenta ridícula, y lo ahorcó en un patíbulo en Cheapside.

El gato se judicializa

A continuación daré cuenta de diversos ejemplos donde los gatos son abducidos por los sistemas de justicia.

1) La madre de todas las causas. La gata “Luz”. Ocurrió en Chile, en 2005. Todo comenzó con la aparición de un murciélago muerto en el departamento donde vivía la gata “Luz”. Tras verificarse que el murciélago era portador de la rabia, se dedujo que la gata también podría también estar infectada. Al menos, hasta esa época, en el país andino, la única forma de obtener muestras que comprueben que el animal es portador del virus es su decapitación. En consecuencia, la Secretaria de Salud de Valparaíso ordenó el sacrificio de la gata. A falta del principio In dubio pro gato, tremendo habría sido el sacrificio del animal, tan solo para verificar que realmente estaba sana. Por tanto, la dueña de “Luz” presentó un recurso de protección en la Corte de Apelaciones de Valparaíso, misma que lo rechazó por unanimidad.

Nuevamente, la dueña promovió un recurso, esta vez ante la Corte Suprema, cuya Cuarta Sala, también lo rechazó, dejando firme el fallo de la Corte de Apelaciones: “Luz” tenía que morir. Pero muy poco tiempo después del fallo de la Corte Suprema, la gata “Luz” se fugó, y nunca volvió a oírse de ella.

Más allá del drama experimentado por el “círculo de confianza” de esta gata chilena, las fuentes que cubren el Poder Judicial de aquel país mantuvieron interés por el tema durante varios meses:

Se fugó la gata rabiosa condenada a muerte.La Justicia ahora se siente burlada y para evitar semejante afrenta mandó una escuadrilla de gente tras sus pasos: el ministerio de salud, los inspectores sanitarios y un fiscal; posiblemente los carabineros se agregarán a la persecución (InfoBae, 15 de mayo de 2005).

Con razón, la gata Luz anda despavorida y prófuga por los cerros de Valparaíso. Con celeridad desusada, la Corte de Apelaciones de Valparaíso y la Suprema, en fallos unánimes confirmaron la responsabilidad de un murciélago en la infección de una gata llamada Luz. La prontitud de los tribunales por dictaminar las responsabilidades del murciélago y la suerte de la gata, contrasta con la inveterada lentitud con que se mueve la justicia respecto de los humanos y de las propuestas para acelerarla (El Mercurio, 16 de mayo de 2005).

De la gata… ni «Luz»: Luis Bates, Ministro de Justicia. «El tema de la gata ‘Luz’ puede ser importante, pero debería haber otros caminos para que a los tribunales vaya lo que sea estrictamente necesario», concluyó el Ministro (El Mercurio, 3 de junio de 2005).

El felino más buscado de Chile: Buscan sobreseimiento de famosa gata «Luz». Abogado espera que la gata sea absuelta por gozar de «buena salud» (El Mercurio, 31de octubre de 2005).

La cause célèbrede la gata “Luz” tiene estrecha similitud con la historia de “Lee”, un gato peruano que estuvo a un ápice de ser sacrificado en Bélgica, siendo también sospechoso de portar rabia. Todo comenzó en mayo de 2020, cuando una joven, oriunda de Amberes, que estaba de prácticas en Perú, tuvo que regresar a su país, por la pandemia, y llevó a su gato, que no estaba vacunado contra la rabia. La agencia gubernamental correspondiente de Bélgica exigió el sacrificio de “Lee”, pero fue un tribunal en Amberes el que resolvió que el sacrificio del gato, dispuesto por la Agencia Federal de Control de la Cadena Alimentaria, no estaba suficientemente argumentado ni fundamentado. Por tanto, para el felino fue suficiente con cumplir una cuarentena. Finalmente, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria del Perú no ocultó su regocijo con el desenlace favorable para “Lee”.

2) El gato con Posner. Uno de los juristas más influyentes en los Estados Unidos, es también un gran fanático de los gatos (se refiere a sí mismo como “cat person”), y esa afición se llegó a expresar en sus sentencias en el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito. Por ejemplo, Charlene Eike, et al., v. Allergan, Inc., et al., resuelto en marzo de 2017, trataba de una acción colectiva enque los demandantes afirmaron que las gotas para los ojos fabricadas por seis compañías farmacéuticas son demasiado grandes, lo que provocaba que quienes tenían que usarlas para tratar el glaucoma, pagaban de más. Al juez Richard Posner no le convenció el argumento, y concluyó que el tamaño de las gotas no era un factor determinante. Para ilustrar su opinión, recurrió a los gatos:

Supongamos que todos los miembros de la acción colectiva tienen gatos con pedigrí, y los criadores que les vendieron a los integrantes de la acción, les habían dicho que como dueños responsables de gatos, tendrían que alimentar a sus mascotas con croquetas durante el día, y Fancy Feast por la noche, así como comprar una fuente para cada gato, porque los gatos prefieren beber de una fuente (donde la gravedad funciona para ellos), en lugar de un tazón (donde la gravedad actúa contra ellos), y no les gusta compartir una fuente con otro gato. Supongamos ahora que los compradores hacen lo que se les ha dicho, comprando lo que se les dice que compren en las tiendas de mascotas; pero resulta que los gatos tienen mucho apetito, la comida para gatos es bastante cara, y las fuentes son también caras y no del todo fiables. Los criadores no ocultaron información, y respondieron con sinceridad todas las preguntas de los posibles compradores. Sin embargo, muchos de los compradores no están satisfechos. Piensan —tal vez, correctamente—, que la comida para gatos es innecesariamente cara, y la fuente un lujo frágil. Sin embargo, ¿alguien pensaría que podría demandar a los criadores y tener éxito? ¿Para qué? Los criadores no habían incurrido en falsedad alguna. Si un posible comprador le hubiera preguntado a uno de los criadores cuál sería el costo anual de mantenimiento del gato, el criador —supongamos—, le habría dado una estimación realista. Habría decepción, en el ejemplo dado, pero ninguna causa para la acción…. Por tanto, el arrepentimiento o la decepción por un producto, no constituye una lesión procesable.

3) Feminicida apegado a sus gatitos. Ocurrió en España, en la primavera de 2004, cuando un hombre que asesinó a su compañera sentimental, con lujo de brutalidad, ya en prisión, presentó una petición para que le permitieran compartir su celda con sus dos “gatitos” con un argumento contundente: «no puede estar sin ellos«. Posiblemente este individuo desconocía lo dispuesto por el artículo 225 del Código Penitenciario español:«Como regla general, por razones higiénicas no se autorizará la presencia de animales en los Establecimientos penitenciarios yen ningún caso en las celdas”.

4) Dos familias y un gato. Ocurrió en Alemania en 2003. El tribunal local de Neuruppin, dirimió el caso de un gato blanco que se dejaba cuidar y alimentar por dos familias, que se disputaban la custodia del felino. La parte demandante sostuvo que en 2001 habían encontrado al gato abandonado en la calle y que lo habían cuidado durante más de dos años; y le pusieron “Charly”. Pero “Charly” también era habitué del hogar de sus primeros amos, quienes lo llamaban “Bismark”, hasta que llegó el momento de que ya no lo dejaron suelto. El tribunal resolvió la “custodia” a favor de los primeros amos, y a la segunda cuidadora le otorgó el derecho de visita, cada seis meses, para asegurarse de que “Charly” o “Bismark” era tratado bien. Este caso tiene similitud con Finn v. Anderson, resuelto en 2019 en la Corte de Jamestown, Chautauqua, Nueva York: dos familias se disputaban la propiedad de un gato blanco, “Sylvester”, o “Marshmallow”, según la perspectiva. El tribunal reconoció la dificultad inherente en la definición de un “interés superior”, toda vez que no existe forma práctica de medir los sentimientos de una mascota y de evaluar sus intereses.

5) Gatos y romances.Ocurrió en Reino Unido en 2011. La esposa de un acaudalado diputado fue procesada por robar el gato de la amante de su esposo. Por dicha acción, se le impusieron 150 horas de trabajo comunitario, y una multa de 1000 libras esterlinas.

6) Gatos víctimas de negligencia y brutalidad.Resulta tan evidente como lamentable que las cosas hoy día no son tan distintas como eran a principios del siglo XVIII en las inmediaciones de la imprenta de Jacques Vincent. Presento algunos ejemplos, solo para dejar constancia de que un gato no debe ser concebido como el “autómata que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal”.

Así, en Chile, en 2007, un trabajador, molesto por un llamado de atención, pateó a una gata (que murió cuatro días después). El Juzgado de Garantía de Talcahuano, en lugar de imponerle la pena de 540 días de prisión, ordenó al sujeto pagar 40 mil pesos mensuales durante un año en beneficio de la Sociedad Protectora de Animales de la comuna de Hualpén, además de firmar mensualmente en la fiscalía local.

Distinta suerte tuvo el joven estadounidense acusado en 2009 por matar ydescuartizar a 19 gatos. Durante casi tres años, Tyler Weinman arrastró el estigma de ser un “asesino serial de gatos”, pero al final, quedó demostrado que los gatos habían muerto a causa de otros depredadores. Y Weinman demandó a las autoridades locales por angustia mental, humillaciones, gastos legales, encarcelamiento injustificado, gastos de asesoramiento psicológico y salarios caídos.

También en 2009, James Davis, de 19 años, enfrentó cargos de crueldad contra los animales. Recibió una pena de dosaños de prisión y una multa de 1000 dólares por envolver a una gata con cinta adhesiva. La pericia de los veterinarios logró retirar la cinta de la gata “Sticky», que fue dada en adopción.

En 2010, Cheyenne Cherry fue condenada por la Corte Suprema de Bronx, a dos años de prisión, y a la prohibición de tener mascotas durante tres años, ¿el cargo? haber quemado a un gato en un horno a más de 200 grados. En 2014, un juez de Barnsley, en Reino Unido, condenóa Laura Cunliffe a 14 semanas de prisióny a la prohibición de tener mascotas durante el resto de su vida ¿el cargo? haber matado a su gato en el horno de microondas. La mujer dijo que lo horneó durante un minuto porque el felino se había comido a otra de sus mascotas (un pez). Para el juez, se trató de un “acto de crueldad totalmente horrible”. Este caso puede contrastarse con Celinski v. Texas, que atañe a un sujeto que también horneó a sus gatos en el microondas.

En 2016, un estudiante universitario de Taiwán fue sentenciado a 11 meses de prisión por matar a tres gatos y herir gravemente a otro, señaló el Tribunal de Distrito de Chiayi en un comunicado. El joven, identificado como Yin, confesó que en un ataque de ira arrojó contra el piso a sus gatos adoptados. En 2018, un hombre y una mujer de Málaga fueron condenados a ocho meses de prisión por haber envenenado a ocho gatos de su vecina tras arrojarles bolitas de carne cruda a través del muro que separa las dos viviendas. Cada integrante de la pareja también fue condenada a una inhabilitación especial durante un año para el ejercicio de profesión, oficio y comercio que tenga relación con los animales, y a indemnizar a la propietaria por los gastos veterinarios. También en 2018, la Corte de Apelaciones en Austin, Texas resolvió Kristen E. Lindsey, D.V.M., v. Texas State Board of Veterinary Medical Examiners: una veterinaria vio entrar a un gato en su propiedad, y lo mató utilizando arco y flecha (posteando la foto en sus redes sociales). En su defensa, la veterinaria sostuvo que pensó que se trataba de un gato salvaje; sin embargo, se trataba en realidad de la mascota del vecino. Al no haber sido condenada por crueldad animal, la Junta de Examinadores Médicos Veterinarios de Texas resolvió que la veterinaria no podría ejercer la profesión durante un año y que estaría bajo vigilancia los cuatro años siguientes. Inconforme con esta decisión, la veterinaria recurrió, y sostuvo en su defensa que la Junta no tenía la autoridad para sancionarla, toda vez que no había sido condenada por crueldad animal y porque su acto letal no concernía a la práctica de la medicina veterinaria. En su resolución, la Corte de Apelaciones sostuvo que aunque la veterinaria no había sido condenada por crueldad animal,la Junta sítenía autoridad para determinar que el delito de crueldad animal estaba suficientemente relacionado con la práctica de la medicina veterinaria, y desde luego, la veterinaria no contaba con el consentimiento de su vecino para matar al gato.

En 2019, una pareja de Pontevedra fue condenada a seis meses de prisión por ahorcar a un gato.La Audiencia Provincial también les impuso dos años de inhabilitación para la tenencia de animales o el ejercicio de cualquier profesión relacionada con ellos. También en ese año, la Corte de Apelaciones de Tennessee, resolvió Delany v. Kriger, caso acerca de los dueños de un gato que presentaron denuncia por homicidio culposo contra el veterinario y contra el hospital de animales, por haber colocado incorrectamente una sonda de alimentaciónen la tráquea del gato en lugar del esófago, lo que provocó su muerte cuando se le alimentó usándose dicha sonda. En primera instancia se había determinado que los acusados no eran responsablesporque el gato estaba tan enfermo que probablemente no habría sobrevivido de todos modos; situación que revirtió la Corte de Apelaciones. Durante la apelación, un veterinario señaló que el valor justo de mercado de un gato es de $ 5000 USD; mientras que otro veterinario sostuvo que el valor económico de un gato sano es de $ 75 USD, mientras que un gato enfermo tiene un valor de $ 0.40 USD.

En febrero de 2021, una joven de Ciudad Real fue condenada a seis meses de prisión por matar a su gato al meterlo en la lavadora. La autora del hecho difundió el vídeo de los siniestros ciclos de lavado en una red social.

Cierro este subapartado refiriéndome a una sentencia del Juzgado Especializado en lo Civil, de Cañete, Perú, que me parece acertada: tras la polémica despertada por la realización del “Festival del Gato” (también conocido como Curruñao, o Miaustura) en el cual los felinos eran el ingrediente principal de varios platos, la jueza María Luyo prohibió la matanza de estos animales en el marco de la celebración. La sentencia prohibió también las carreras de gatos.

7) Gatos que atacan.Los gatos son cazadores expertos; claro que “atrapa ratoncitos”, y también jilgueros, como los diez que matóun gato en 2010, y cuyo propietario, por esa circunstancia, fue condenado por la Audiencia Provincial de Murcia a pagar una indemnización de 2800 euros al dueño de las aves. La Audiencia rechazó que el propietario de los jilgueros tuviera también parte de culpa de lo ocurrido porque “el hecho de que alguien tenga la ventana de su casa abierta no es una negligencia grave que implique una asunción de culpas. El causante de los daños es el gato del demandado, y éste, sabedor de que acudía a la casa del vecino a cazar sus pájaros, estaba obligado a adoptar todas las medidas precisas para impedir que causara el daño”.

Y es que la pericia innata del gato para cazar cumple con los más altos estándares, más allá de la simpatía o antipatía que uno les tenga. Eso pudo constatarlo Michael Sabo, que fue mordido por el gato siamés de su hermana. Los dedos de Sabo se inflamaron tanto que parecían »salchichas», aseguró su abogado. Sabo recibió $ 122 400 USD por concepto de indemnización. Suerte muy distinta tuvo el británico que en 2018 fue mordido por un gato en Marruecos, y falleció por rabia.
[El gato] “…de vez en cuando se acuerda de su origen y nos da un leve arañazo”. Así lo entendió la Corte Suprema de Connecticut, al resolver Allen v. Cox et al., resolviendo que los dueños de un gato que lesiona a un tercero, pueden ser demandados si, conociendo la propensión de su mascota de atacar a otros gatos, permiten que ande deambulando libremente. Así lo entendió también la Corte Suprema de Carolina del Norte, al pronunciarse en Branks v. Kern resolviendo el caso de una dueña que fue mordida por su propio gato mientras éste era sostenido por el veterinario, que fue demandado, por no tener las precauciones razonables. Para el Alto Tribunal, quedó establecido con nitidez que el gato era un peligro evidente para cualquier persona cuyas manos estuvieran a únicamente tres pulgadas de distancia de sus dientes.

8) Demasiados gatos.¿Por qué conformarse con un gato pudiendo tener 60? Así lo entendía una mujer de Países Bajos, hasta que, en 2008, un tribunal de Leeuwarden le ordenó desprenderse de 50 de los 60 que tenía. Pero este caso palidece al lado del que ocurrió en la localidad de Beerseba, Israel, cuando un hombre solicitó el divorcio porque su esposa convivía con 550 gatos.

9) Gatos y movilidad social. En 2009, en Brasil, un gato llamado “Billy” estuvo en el padrón de Bolsa Familia, y recibió, durante cinco meses, un subsidio de dicho programa de asistencia social para personas en situación de pobreza. Durante ese tiempo, “Billy” recibía más de 20 reales en dinero, y tenía derecho a otros beneficios y asistencias. El gato brasileño que, por cierto, ya había muerto varios años antes de ser inscrito en el padrón, era propiedad del coordinador del programa Bolsa Familia, en el municipio deAntônio João(al suroeste de Mato Grosso do Sul). No era poco el dinero que, de estar vivo, habría recibido “Billy”, pero montañas de dinero son las que tiene ante sí “Choupette”, la gata y heredera única de Karl Lagerfeld. Resulta evidente que, para ciertos individuos, el gato es un fetiche de prosperidad. Así lo entendió el británico Matthew Farrimond, gerente de una constructora que fue condenado por desviar a su favor 369,000 libras esterlinas para adquirir gatos con pedigríy disfrutar vacaciones de lujo.

10) Gatos traficantes.Ocurrió en Tartaristán, en 2010: un recluso ideó un plan para recibir droga en prisión. amaestró a un gato que vivía en el penal y después se lo hizo llegar a unos amigos fuera del recinto penitenciario. Los conocidos del acusado hicieron pasar hambre al gato durante varios días y después le colocaron un collar con heroína oculta y lo soltaron en las inmediaciones de la prisión. La idea del preso era que el felino, muy hambriento, regresara con él para ser alimentado. Sin embargo, la droga no llegó a su destinatario: su captura fue encargada a un perro adiestrado para la detección de narcóticos. En el collar del gato fueron hallados más de 15 gramos de heroína. Lamentablemente, el gato murió poco después a causa de las heridas sufridas durante su captura.

11) Gatos que cumplen deberes con la justicia.En la línea fronteriza entre el folclor y la realidad, esta historia tiene su encanto, y podría decirse que tiene “siete vidas”, porque es reciclada con frecuencia. Tan simple como esto: “Sal Espósito», gato perteneciente a dos residentes de East Boston, Massachussets, fue llamado por error como jurado en diciembre de 2009 porque sus dueños lo habían incluido como miembro de la familia en un censo de la ciudad.Estaba programado para aparecer en juicio en marzo de 2010. El error se corrigió rápidamente.Fanáticos de esta clase de noticias la aderezaron haciéndola más sabrosa: el matrimonio propietario del gato intentó demostrar que dicho miembro de la familia (el tal “Sal Espósito”), no podía asistir en calidad de jurado a una audiencia penal porque “no habla ni comprende inglés”. Pero el tribunal determinó que saber inglés no es una causa suficiente para no asistir a la audiencia y la petición de los dueños del gato fue declinada.

12) Gato como salvoconducto migratorio.También, en la delgada línea entre lo cierto y lo falso, se trata de la historia de ciudadano boliviano con situación migratoria irregular, que supuestamente no pudo ser expulsado del Reino Unido porque tenía un gato. Todo sucedió cuando la entonces ministra del Interior Theresa May, en un discurso, afirmó: “el inmigrante ilegal no pudo ser deportado porque —no me lo estoy inventando— tenía un gato”. Poco después, la Judicial Office at the Royal Courts of Justiceemitió un comunicado asegurando que el gato de marras no tuvo nada que ver con la decisión de permitir que el hombrepermaneciera en el país.

13) La falida reubicación del gato maloliente.Ocurrió en Chile, en un caso que terminó por ser resuelto por la Corte Suprema (Rol no. 2.446-2013).Cristian Román Cordero lo relata así en su artículo Derecho administrativo sancionador en Chile: “Ubicación” y “Limites”:«Trata sobre un gato, cuyo nombre era Jemimo, que, según los vecinos, expelía malos olores, razón por la que denunciaron a su dueña ante la respectiva Secretaría Regional Ministerial de Salud. Este órgano de la Administración inició un sumario sanitario en su contra que concluyó con una resolución administrativa que le impuso la sanción de amonestación y de “reubicación de mascota”. Habiendo deducido recurso de protección contra dicha resolución, la Corte Suprema lo acogió pues, sostuvo, las sanciones administrativas solo podían ser establecidas expresamente por la ley, y como el Código Sanitario no establecía la sanción administrativa de “reubicación de mascota”, el actuar del señalado órgano de la Administración devenía en ilegal. En efecto, en lo medular, sostuvo: “no se advierte en el catálogo de sanciones la posibilidad de “reubicar mascota”, no mencionando la resolución cuál es la facultad ni disposición que la autorice para la orden impuesta, siendo las sanciones administrativas de naturaleza estricta, (…) Que advertido lo anterior y no constando que la autoridad administrativa tenga facultad legal para disponer “reubicar” al animal de la recurrente, sin perjuicio de las sanciones que se pueden imponer por infracciones acreditadas en un proceso previo y legalmente tramitado, la actuación deviene en ilegal y procede acoger el recurso en cuestión”.

Este caso tiene cierto parentesco con Doug Mellin & a. v. Northern Security Insurance Company, Inc., resuelto en 2015 por la Corte Suprema de New Hampshire, que se pronunció, particularmente, sobre si el olor a orina de gato debía ser considerado como un contaminante, para efectos de una póliza de seguros.

14) Gato como soporte emocional. El vínculo, con frecuencia tan estrecho entre los gatos y sus cuidadores, se encuentra respaldado también por la evidencia científica (véase, por ejemplo, Attachment bonds between domestic cats and humans, de Vitale; Behnke & Udell) y desde luego, esos vínculos también han llegado a los tamices de la impartición de justicia. Sucedió en Canadá en 2015: Chantal Dumais tenía una gata (“Juliette”), que murió a la temprana edad de dos años. Informó a sus jefes que no se encontraba en condiciones de salir de casa por la tristeza que le había ocasionado el deceso. Recibió como respuesta que podía tomar un día de permiso, pero sin goce de sueldo. Dumais presentó su renuncia, y reclamó ser indemnizada por acoso psicológico y por despido injustificado. El juez en materia laboral, Sylvain Allard, resolvió: “Rien dans la Loi ne permet à un salarié de s’absenter du travail en raison du décès d’un animal de compagnie” (la ley no permite que un asalariado se ausente de su centro de trabajo por el fallecimiento de un animal de compañía). Y el juez subrayó que Dumais renunció por decisión propia.
Acerca del vínculo entre el gato y su cuidador, ya en 1991, la Corte de Rochester (Nueva York), en Crossroads Apartments Associates v. LeBoo, resolvió el proceso de desalojo que un arrendador había iniciado en contra de su inquilino por poseer un gato, pese a la política de “no mascotas”. El inquilino sostuvo que necesitaba al gato para aliviar sus intensos sentimientos de soledad, ansiedad y depresión, que eran manifestaciones diarias de su enfermedad mental. La Corte sostuvo que para probar que la mascota es necesaria para que el inquilino pueda usar y disfrutar de la vivienda, debe probar, justamente, “que tiene una dependencia emocional y psicológica del gato que le obliga a tenerlo en el apartamento”.Finalmente, en Walter Lockett and Kristin Santose, v. Gary Hill, que trata sobre unos pitbull que mataron a un gato, el Tribunal de Apelaciones de Oregon, resolvió que la parte demandada fue negligente y tenía que pagar $ 1000 USD en daños al demandante, pero negó la reclamación del demandante por angustia emocional y pérdida de la compañía.

15) Gatos y encuestas de opinión. Decir que “8 de cada 10 gatos prefieren Whiskas” es falaz…y también competencia desleal. Así lo entendió el Décimo Sexto Juzgado Civil de Santiago (Chile), al resolver que la utilización de dicha frase sin hacer referencia a estudios de mercado o de palatabilidad que fundamenten la señalada preferencia, no se sustenta en antecedentes objetivos y verificables, o estos no se encuentran en la especie comprobados suficientemente”. Agregando la sentencia que la encuesta impugnada brinda información, en cuanto al porcentaje al que alude la frase, “solo respecto a la preferencia de marca entre los propios consumidores de Whiskas, limitando con ello tanto la preferencia contenida en la frase en cuestión, como la anuencia con ésta”.

Epílogo. El gato de Schrödinger llega a la Suprema Corte

Como atinadamente apostilla Ernst Fischer, resultaría hoy penoso para Erwin Schrödinger si alguien le dijera que debe su celebridad, fuera de los círculos científicos, a la invención de un gato amenazado de muerte. Así que concluyo esta nota con una buena nueva: todo parece sugerir que el gato de Schrödingerse salva (pero no por resolución judicial).

En aberrante síntesis: se trata de un experimento mental en el que la vida de un gato metido en una caja depende de un proceso cuántico de dos estados, y de acuerdo con las reglas de la mecánica cuántica, una vez que el experimento se pone en movimiento, el gato está vivo y muerto simultáneamente hasta que uno abre la caja. Ahora bien, cuando leemos que “Los científicos salvan al gato de Schrödinger”, o que “Físicos logran salvar al gato de Schrödinger con un experimento”, lo más adecuado es remitirse a To catch and reverse a quantum jump mid-flight, de Minev; Mundhada, Shankar, et. al, donde los investigadores pudieron predecir un salto cuántico, e incluso revertirlo, estando en posibilidad de salvar al gato de marras (es decir, se puede observar indirectamente cómo el “gato” se mueve desde el estado vivo al estado vivo y muerto simultáneamente, e intervenir para salvarlo).

Ofreciendo entonces el intelecto científico una solución viable y elegante que permite capturar e invertir saltos cuánticos en pleno vuelo, evitando así de manera determinista que se completen, la consecuencia es que el gato de Schrödinger puede seguir ronroneando, y de hecho lo hace en el ámbito de la interpretación judicial, y en ciertos tejados judiciales del mundo.

En Schrödinger’s Constitution, Metzler equipara la paradoja del gato con las resoluciones de la Suprema Corte de Estados Unidos en torno a las leyes estatales que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ejemplo, en United States v. Windsor, donde el Alto Tribunal resolvió que la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA), excluía inconstitucionalmente a los matrimonios entre personas del mismo sexo.Tras ello, varios tribunales estatales comenzaron a invalidar las prohibiciones estatales a matrimonios del mismo sexo, pero la Suprema Corte construyó una especie de “caja” para almacenar a esas leyes locales, donde (al igual que el gato), permanecen selladas, hasta que la Corte resuelva caso por caso. Con prudencia, Metzler aclara que no está sugiriendo que las leyes estatales son el gato, que “vivirá” o “morirá” dependiendo de la resolución, sino, más bien, que las leyes estatales son la partícula subatómica, y la resolución de la Corte es la posibilidad de que dicha partícula se descomponga. El autor concluye: “But this all presupposes that a Schrödinger’s Cat view of the Constitution is even appropriate. Is the constitutionality of a law indeterminate until the Supreme Court rules, such that both constitutionality and unconstitutionality have to be considered equally valid until the Court hands down its decision?”.

Finalmente, la paradoja del gato de Schrödinger, está resultando ser un apetitoso insumo metodológico sobre el que se montan juristas y activistas en India, al opinar sobre las sentencias otros quehaceres de los altos tribunales en ese país. Por ejemplo, Shivprasad Swaminathan, en Schrödinger’s Constitutional Cat: Limits of the High Court’s Declaration of Unconstitutionality, donde pondera la sentencia del Tribunal Superior local en Naz Foundation v. Govt. of NCT of Delhi (que despenalizó la homosexualidad), que luego fue revertido por la Suprema Corte en Suresh Kumar Koushal v. Naz Foundation, y que, a su vez, esta última fue revertida en Navtej Singh Johar v. Union of India (que nuevamente, despenalizó la homosexualidad). Por su parte, Amit Kumar, al reflexionar sobre la independencia judicial, y particularmente, sobre el rol de la Suprema Corte en una democracia, y como institución fundamental para evitar que el país se hunda en el autoritarismo del Ejecutivo, intituló a su artículo: Schrödinger’s cat in Supreme Court of India.

En suma, con el Felissilvestriscatus, es aplicable la máxima “es lo que hay”. El gato, con su fascinante, elegante, inteligente, y paradójico descaro, es una entidad con presencia importante en los sistemas de justicia a lo largo de los siglos. Pero no está solo: tiene detrás suyo a un innumerable cardumen de ailurofílicos que aceptan con fruición ser domesticados por él.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública; maestro en administración pública; licenciado en derecho. Autor de Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos, y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo . Twitter: @anaya_huertas.

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Publicado en: Bestiario Jurídico