Las ternas de ministros: un primer análisis

Ya empezó el debate y el escrutinio entre académicos -auspiciado por Saúl López Noriega– de las ternas presentadas el día de ayer por el presidente Felipe Calderón para sustituir a los ministros Aguirre Anguiano y Oritz Mayagoitia. La importancia que tienen estas propuestas así como las eventuales designaciones que se hagan se debe a las siguientes circunstancias. Como ya han expuesto López Noriega y González de la Vega, desde un “punto de vista ideológico” la trascendencia radica en que los dos ministros que se retiran son “conservadores”, por lo que podría ser una oportunidad para darle una orientación progresista a nuestra Corte. Por otro lado, desde un “punto de vista estratégico” tenemos que –a decir de López Noriega- el ministro Mayagoitia forma parte de la colación más fuerte y estable dentro de la Corte, junto con los ministros Fernando Franco, Margarita Luna y Sergio Valls. Mientras que el ministro Aguirre Anguiano es considero como el más “disidente”. Así, el alineamiento de los suplentes también será determinante para la correlación de fuerzas en nuestro máximo tribunal.

Pues bien, en esta ocasión quisiera referirme brevemente a algunas cuestiones que está suscitando este debate sobre las ternas. 1) ¿Qué preguntas debieran hacerse a los candidatos?; 2) ¿qué importancia tiene que las dos ternas estén sólo integradas por magistrados y no incluyan académicos?; 3) La cuestión de género, y 4) ¿qué podemos esperar del procedimiento de designación y de los ministros por venir?

1. En mi opinión, una de las preguntas que suele dejarse de lado y que es fundamental para analizar el perfil de los candidatos es cuál su visión sobre el papel que la Corte debe jugar en una democracia. Entiendo que esta es una tarea que puede requerir de mucho tiempo, sin embargo, con ello no estoy sugiriendo que los candidatos se encarguen de darnos una conferencia magistral sobre el tema, sino de que nos digan cuál es su visión sobre “el desacuerdo” que existe en México -como en cualquier sociedad plural- sobre lo que implican los derechos fundamentales. Así como cuáles son las consecuencias de este desacuerdo para la forma en que se ejercen las funciones de la Corte. Muy esquemáticamente creo que nos bastaría con saber si los candidatos consideran que dichos desacuerdos son una fuerza creativa o un problema a erradicar, y si estiman que la Suprema Corte es el “intérprete último e inapelable de la Constitución” o si es un participante más en un “diálogo horizontal e inclusivo”. Acá una entrada sobre este tema.

2. ¿Es importante que los candidatos provengan de la carrera judicial? En este punto coincido con Pedro Salazar en el sentido de que en nuestra práctica los que provienen de la judicatura “suelen tener un perfil técnico muy sólido y, al mismo tiempo, ser conservadores en sus interpretaciones jurídicas”. Sin embargo, no estoy seguro de que haber sido académicos eso nos hubiera asegurado ministros progresistas, pues habría que ver de quiénes se trata[1]. En cualquier caso, creo que para saber si los candidatos y tal vez futuros ministros son progresistas o conservadores habrá que revisar sus criterios y votos. Aunque también es cierto que por las fuerzas políticas que los han propuesto y que estarán encargados de designarlos (PRI-PAN) lo más probable es que se trate de ministros conservadores. Sobre este punto vuelvo más adelante.

3. Otro aspecto que ha llamado la atención de los especialistas es la cuestión de género dentro de las ternas, pues tres de las seis candidatas son mujeres. La pregunta es, ¿era deseable que se mandara una terna de hombres y otra de mujeres de forma tal que se asegurara una ministra? En mi opinión sí. A diferencia de lo que opina mi amiga Geraldina González, considero que mientras la desigualdad en nuestro país entre hombres y mujeres sea estructural debieran utilizarse todos los mecanismos necesarios para asegurar una presencia igualitaria de las mujeres, incluso a través de “cuotas” que nos aseguren dichos resultados. Alguien podría contra-argumentar diciendo que en tanto la composición del Senado es plural, ya no sería necesario que el presidente mandara una terna compuesta sólo por mujeres; o que con la composición actual de las ternas existe la posibilidad de que sean dos y no sólo una las ministras designadas. En mi opinión, el primer argumento desconoce el hecho de que en nuestro país el “machismo” no está sustentado sólo por hombres, sino también por mujeres, y que para obtener esa “cuota” de género no hay que confiar en que las senadoras vayan a hacer valer el argumento de la igualdad. El mismo machismo que me hace dudar que de esas dos ternas vayan a salir dos ministras. Por eso, creo que la forma más efectiva de nivelar a la Corte (actualmente sólo 2 de las 11 ministras son mujeres) era a través de una terna de hombres y otra de mujeres[2]. Es más, a la vista de la enorme disparidad que existe en el pleno de la Corte correspondía que el presidente enviara dos ternas integradas sólo por mujeres.

4. Finalmente, ¿qué podemos esperar del procedimiento de designación y de los ministros por venir?

Hay dos ideas que debemos tener en cuenta al analizar el procedimiento de designación. La primera, adelantada por Mark Tushnet (2010), en el sentido de que dichos procedimientos son netamente políticos, por lo que nuestro análisis no debe perder de vista este aspecto. La segunda, muy bien explicada por Balkin y Levinson (2001), según la cual el nombramiento de ministros es una forma de atrincherar por varios años las ideologías de los partidos que los nombran.

Si esto es así, creo que nuestra realidad no es muy esperanzadora. Por un lado, no existen medios institucionales efectivos para que las visiones constitucionales de los candidatos sean puestas a discusión por parte de la sociedad civil. No tenemos reglas específicas que indiquen los tiempos, participantes, oportunidad de preguntas y respuestas, etc., en las comisiones senatoriales. La sociedad civil, asociaciones, universidades, etc. tampoco tienen la oportunidad de presentar preguntas antes de la exposición de los candidatos ni pueden participar en el debate parlamentario, etc. De esta manera, sólo nos queda el discurso escueto del presidente Calderón y a lo que estén dispuestos a hacer los senadores.

Por otro lado, aun cuando en la integración actual de la Corte tenemos algunos ejemplos excepcionales, creo que al ser propuestos y designados por acuerdo de los actuales PRI y PAN y de los grupos de interés que estos protegen los ministros que están por venir serán conservadores y velarán por el status quo. Así, no creo que podamos tener muchas esperanzas de encontrar en ellos el cambio social que tanto necesita nuestro país. Ojalá me equivoque.

PD: Es llamativo como en los últimos procesos de designación de ministros la mayoría de los  nombres –algunos ya recurrentes- que salen en la prensa como posibles candidatos no se lleguen a concretar.

Roberto Niembro O. Investigador de la ELD. Twitter: @RNiembro1



[1] Pedro Salazar señala “Los profesores, en cambio, tienen poca (o nula) experiencia jurisdiccional pero suelen ser expertos en argumentación y teoría jurídicas y son más propensos a concebir al derecho como una herramienta social que, al ser aplicada, exige una mirada integral.”

[2] Así, mi argumento a favor de una terna de hombres y otra de mujeres no radica en que éstas no puedan competir con los hombres, sino de asegurarnos que en los legisladores y legisladoras no vaya a prevalecer su concepción machista y olviden reconocer esas capacidades de las mujeres.


8 comentarios en “Las ternas de ministros: un primer análisis

  1. Me parece muy pertinente la entrada y bueno el análisis, sólo tengo un par de observaciones. La primera respecto al punto sobre género (3): si es cierto que que haya senadoras no garantiza que éstas no sean parte de esta misma estructura machista que las cuotas pretenden ir erradicando, el hecho de que sea nombrada una ministra tampoco. Por esto mismo considero que lo resaltado por el autor respecto la relevancia de conocer los votos y opiniones de las candidatas en su trayectoria sería un tema fundamental a considerar.
    Esto mismo me hace reflexionar sobre las esperanzas o no que podemos tener respecto las futuras designaciones (punto 4)… por un lado, es cierto que siendo nombrados por el PRI-PAN podemos esperar ministros conservadores y no podamos tener muchas esperanzas de que vaya a cambiar la configuración de la Corte. Sin embargo, igual y nos llevamos una buena sopresa al analizar sus criterios y votos, y mejor aún, en su desempeño como ministros. Lástima que esa oportunidad no nos la da el procedimiento de designación. Saludos

  2. Roberto, gracias por las referencias. Lo que me incomoda de las ternas «unisex» es que da la impresión de que se eligen a las candidatas por su género y no por su trayectoria y sus cualidades. Las cuotas obligan a llenar asientos con mujeres, sin importar qué tipo de mujeres, y no todas las juristas tienen las cualidades y calidades para ser ministras de la Corte.
    Eso fue lo que «gritaba» aquélla terna desechada en 2010. Estoy de acuerdo en que quizá debería de haber formas -pasajeras- para asegurar una integración plural en la Corte, pero mi temor radica en que al forzar por la cuota la integración, no necesariamente lleguen las mejores personas y esto al final del día repercuta precisamente en la equidad de las mujeres que empiezan sus carreras. El macho al que le temes dirá «ya ves, las viejas no pueden» o «está ahí sólo por mujer»… No sería la primera vez que escucháramos algo así.
    Y al menos yo como mujer no quisiera que jamás reconocieran mi trabajo o mis éxitos como basados en mi género, sino en mi capacidad como profesionista.
    Desde ayer le estoy dando vueltas al asunto y sigo sin convencerme…
    Para mí la cuota sería como definir desde la norma que forzosamente todos los partidos políticos deben tener un presidente de forma alternada…
    La equidad se basa en la igualdad de circunstancias para competir y en la igualdad de posibilidades para ganar. Así lo veo.
    Si las mujeres perdemos. Hay que «emparejar el terreno» y esforzarnos más, pero no garantizarnos un lugar.
    Por eso son importantes los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en la selección en el Senado.
    Termino.
    ¡Gracias!

  3. Concuerdo contigo hasta cierto punto, Geraldina. El eterno problema de las cuotas de género son las acusaciones que la persona ganadora llega no más por su género y no por sus méritos. Pero es una crítica que nace del machismo; de la idea de que las mujeres en algún sentido son menos aptas para cargos públicos que los hombres.
    Por lo mismo, creo que es una crítica poca seria al asunto. El hecho es que no hay igualdad de oportunidad para hombres y mujeres en México; no hay un «level-playing field» que permite que los nombramientos se hacen únicamente basados en los méritos de los candidatos. Esta situación no va a llegar tampoco en los siguientes años. Como resultado, hay muchos ministros y empleados de toda clase que deben su posición precisamente al hecho de que son hombres y no por sus méritos. Por eso, quiero decir que ganan sus encargados muchas veces frente a mujeres más calificadas y más capacitadas. Me gustaría que esta situación fuera más comentado de que la inversa que tú planteas.
    Finalmente, dada la situación, para ser exitosa en cualquier carrera, generalmente la mujer requiere mayor formación y experiencia precisamente porque siempre tiene que probarse frente a un mundo machista que la cuestionaba por mujer. Veo poco probable en este caso que ministras que llegan a ser nominadas para la SCJN no tengan los méritos para estar allí. Creo -además- que en una situación de ternas que es un argumento que no tiene razón de ser al menos que aceptamos que se podría hacer una terna de tres mujeres en la que ninguna tendrá suficientes méritos para ocupar la posición.
    Con eso vuelvo a mi comentario original: no creo que la crítica de «méritos» tiene otra fundamento que el machismo. Los machistas protestan ante la exclusión de hombres frente al sistema de cuotas porque se niegan reconocer la discriminación favorable que los hombres reciben día con día en todos los demás ambientes profesionales.

  4. Me parece muy pertinente la entrada y bueno el análisis, sólo tengo un par de observaciones. La primera respecto al punto sobre género (3): si es cierto que que haya senadoras no garantiza que éstas no sean parte de esta misma estructura machista que las cuotas pretenden ir erradicando, el hecho de que sea nombrada una ministra tampoco. Por esto mismo considero que lo resaltado por el autor respecto la relevancia de conocer los votos y opiniones de las candidatas en su trayectoria sería un tema fundamental a considerar.
    Esto mismo me hace reflexionar sobre las esperanzas o no que podemos tener respecto las futuras designaciones (punto 4)… por un lado, es cierto que siendo nombrados por el PRI-PAN podemos esperar ministros conservadores y no podamos tener muchas esperanzas de que vaya a cambiar la configuración de la Corte. Sin embargo, igual y nos llevamos una buena sopresa al analizar sus criterios y votos, y mejor aún, en su desempeño como ministros. Lástima que esa oportunidad no nos la da el procedimiento de designación. Saludos

  5. Estimada Geraldina:

    Te agradezco tu respuesta. En mi opinión, el que se manden ternas de mujeres no significa que sea sólo el género el que juegue y no los méritos. El estar dentro de una terna en muchas ocasiones ya implica el reconocimiento de esos méritos, pues has sido seleccionada entre muchas otras mujeres capaces de desempeñar el ministerio. Así, no es que tal o cual estén ahí «por ser mujer», sino por ser las mujeres más aptas para el cargo. Ahora bien, en una sociedad machista como la nuestra, lo que asegura la cuota es no se pase por alto la valoración de los méritos de las mujeres. De hecho, considero que esa valoración sigue siendo sumamente importante, pues el hecho de contar con una mujer en la Corte no nos asegura que la perspectiva de género esté presente. Es por eso, que considero fundamental revisar los criterios y votos de los y las candidatas.
    Lo que me lleva a un último punto. Mi análisis sobre cuáles son los partidos que proponen a los candidatos no es empírico, sino una especulación teórica, en el sentido de qué puede esperarse de los nombramientos. Asimismo, es una crítica al diseño del procedimiento de designación que no nos permite saber qué tipo de trayectoria tienen los candidatos/as. Aunque también es cierto que en nuestro país los partidos conservadores han nombrado algunos jueces constitucionales que han resultado ser buenos progresistas. De hecho, hago votos por que así sea.

  6. Es necesario hacer varios comentarios sobre esta situación.
    En primera desde mi punto de vista es fundamental que sí no todos, en su mayoría los ministros deben ser de carrera judicial ya que son ellos quienes tienen conocimiento del funcionamiento del poder judicial de la federación como se ha demostrado en el pleno con los que son de carrera judicial, el problema recae en la falta de credibilidad de la misma sociedad hacia este órgano.
    En segunda considero muy valioso que haya mujeres consideradas para ser ministras porque son gente capaz, la última ocasión que hubo terna de puras mujeres el problema fue que había una que era candidata de Calderón por lo que una de las candidatas no alcanzo el mínimo requerido para ocupar el lugar pero de que eran capaces lo eran.
    En tercero no se puede considerar del todo que exista cierta tendencia política de los candidatos ya que Calderón no los conocía del todo al ser la misma corte quien envió a los posibles candidatos y el presidente los estudio aunque bien muchos tuvieron algún caso político relevante. Saludos

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