My legacy is secure. It’s fine by me if I’m ever known as the ‘pizza justice.’
Justice Brett Kavanaugh

 

Real pizza is Neapolitan. It is thin. It is chewy and crispy, OK?
Justice Antonin Scalia

La Suprema Corte y los Padres Fundadores de la pizza

Es costumbre en la Corte Suprema de los Estados Unidos que el justice recién llegado a esta institución tenga a su cargo ciertas responsabilidades como tomar notas en las reuniones privadas con sus colegas, levantarse a abrir la puerta cuando alguien toque, así como la gestión del servicio de cafetería (“una tarea verdaderamente desalentadora”, reconoció la justice Ruth Bader Ginsburg). Durante trece años, el justice Stephen Breyer sirvió el café a sus colegas, aunque no siempre con la mayor pericia posible (Breyer dijo: “I’ve gotten pretty good at this, haven’t I?”, y el justice Antonin Scalia replicó: “No, you haven’t.”).

La llegada de la justice Elena Kagan amplió el horizonte de los snacks al resolver que se instalara una máquina para preparar yogur helado. Sostuvo la entonces flamante justice que quería ser recordada como la “frozen-yogurt justice”, por lograr el salto de una cafetería tradicionalista hacía una propia del siglo XXI. Con el arribo del justice Neil Gorsuch, la propia justice Kagan estuvo a cargo de la transición correspondiente.

En 2018, Brett Kavanaugh se convirtió en el 114.º justice de la Corte Suprema, y procedió a asumir sus responsabilidades al frente del comité de cafetería, con un diagnóstico preliminar: “Cuando llegué, noté que en la cafetería no se servía pizza…mi legado está seguro. Para mí está bien si alguna vez soy conocido como el justice de la pizza”.

Tras las degustaciones correspondientes, la reacción a las pizzas auspiciadas por el justice Kavanaugh, llegó “en menos de 30 minutos”:

Brett Kavanaugh brings pizza to the Supreme Court and it is not good (Clyde McGrady, 14 de enero de 2020).

It’s pizza, for crying out loud (Andrew Stiles, 17 de enero de 2020).

The SCOTUS Cafeteria Is Now Serving (Terrible) Pizza, Thanks to Brett Kavanaugh( Gabe Hiatt, 30 de enero de 2020).

Kavanaugh adds pizza, but not beer, to Supreme Court cafeteria menu (Caitlin Yilek, 30 de enero de 2020).

Brett Kavanaugh added pizza to the Supreme Court cafeteria, but these don’t pass the bar. If these new pies were cases before the court, the justices would rule them unconstitutional (Tim Carman, 30 de enero de 2020).

La cafetería de la Corte Suprema estadounidense, abierta al público, tiene espacio para 185 personas. Ha sido descrita como un espacio lúgubre y mal iluminado. Es dudoso que una pizza, por bien elaborada que esté, cambie esta percepción pública.

Lo anterior me lleva a formular tres hipótesis: a) la mala pizza no contribuye a gestar un legado afortunado; b) la mala pizza no sirve para deconstruir la reputación de una cafetería dada (The Wall Street Journal lo corrobora enfáticamente: “Supreme Court’s Junior Justice Has to Run the Cafeteria. Don’t Eat There”), y c) no todo lo que parece pizza es pizza.

Acerca de esta última hipótesis, debe partirse de que la pizza —muy especialmente, la napolitana— merece respeto, y lo ha recibido desde las más altas instancias del espíritu: el arte de los ‘pizzaioli’ napolitanos está inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La resolución de la UNESCO abre el apetito:

Es una práctica culinaria consistente en preparar en cuatro etapas la masa de una pizza y hornearla con fuego de leña, dándole vueltas. Esta práctica cultural nació en Nápoles (…) Los depositarios de este elemento del patrimonio cultural comprenden esencialmente tres categorías de personas: el maestro “pizzaiolo”, el “pizzaiolo” y el hornero, a los que cabe añadir las familias napolitanas que practican este arte culinario en sus hogares. Este elemento no sólo propicia la celebración de eventos sociales y los intercambios entre las distintas generaciones, sino que se reviste el carácter de un verdadero espectáculo cuando el maestro “pizzaiolo” muestra su destreza a la vista del público en su establecimiento (“bottega”). Todos los años la Asociación de ‘Pizzaioli’ Napolitanos organiza cursos sobre la historia de la pizza, así como sobre los instrumentos y técnicas para cocinarla

Pero no debe darse alimento a las expectativas engañosas, no cualquier pedazo de maza triangular con un par de rodajas de lo que sea, puede ostentar el membrete de “patrimonio de la humanidad”; de acuerdo con lo dispuesto por la carta magna (o, si se prefiere, la “norma técnica”) sobre la Vera Pizza Napoletana, en esta categoría tan exclusiva y tan excluyente, sólo se encuentran comprendidos dos tipos de pizza, la “Marinara” (tomate, aceite, orégano y ajo), y la “Margherita”(tomate, aceite, queso mozzarella, o queso fresco, queso gratinado y albahaca). El diámetro del disco no debe exceder los 35 centímetros; debe presentarse como un producto horneado, con un borde elevado, y el centro cubierto por los condimentos (los ingredientes no deben caer). La consistencia debe ser suave, elástica, fácil de manipular y doblar. El centro debe ser particularmente suave al tacto y al gusto, y debe tener una altura de 0.25 cm (+/- 10%), etcétera.

Con este nivel de exigencia culinaria, es de entenderse que el justice Scalia, tras probar la pizza “estilo Chicago”, haya reconocido su sabor, pero prefirió emitir su opinión sobre los padres fundadores de la pizza: “I do indeed like so-called ‘deep dish pizza. It’s very tasty. But it should not be called pizza. It should be called a tomato pie. Real pizza is Neapolitan. It is thin. It is chewy and crispy, OK?…I’m a traditionalist, what can I tell you?”. La opinión del justice Scalia, de 2011, fue reafirmada por sí mismo, en 2014.

Justice Brett M. Kavanaugh, fotografía de Fred Schilling para la la Suprema Corte

“Unless you are a pizza, the answer is yes, I can live without you”

El arte de los pizzeros es patrimonio “inmaterial” de la humanidad: de esa pericia intangible emerge la materia más generosa y suculenta que puede llegar al paladar. En el plato con una Fugazzeta de Pizzería Güerrin, no sólo se da la proeza de la transfiguración de lo inmaterial a lo plenamente material, sino que el espacio-tiempo del afortunado comensal se vuelve curvo. En este fragmento daré cuenta de la recepción y aplicación de este patrimonio inmaterial, en el ámbito de la justicia.

a) Una pizza como indemnización por llamar “come-basura” a un trabajador. En abril de 2006, el Tribunal Regional Laboral de la 2.ª Región de São Paulo, Brasil, condenó a dos empresas del ramo aeroportuario a indemnizar a un trabajador, por daño moral. Dicho trabajador era apodado “come-basura”, porque buscaba restos de pizza en un contenedor. El magistrado Paulo Eduardo Vieira de Oliveira ratificó la obligación de que el trabajador fuera resarcido con 40 000 reales de indemnización por daños morales, más otros 14 reales por el valor medio correspondiente a una pizza.

b) Si la pizzería no le gusta, puede criticarla despiadadamente. Ocurrió en Belfast, Irlanda del Norte en 2008. The Irish News había sido condenado a pagar 25 000 libras a la pizzería Goodfellas, por una reseña del local, hecha por Caroline Workman, quien lanzó sus dardos contra la calidad de la comida, el personal y la atmósfera de la pizzería, a su juicio, triste y cargada de humo. El jurado del caso dio la razón al propietario, quien consideró que la crítica fue “difamatoria, dañina y dolorosa” y reclamó una cantidad que compensara los perjuicios ocasionados. La apelación fue promovida por el Baron Lester of Herne Hill, del Queen’s Counsel (considerando que sería perfectamente ridículo que se pudiera demandar por difamación, cada vez que una crítica gastronómica fuese negativa), y llegó hasta el tamiz del Baron Kerr of Tonaghmore (entonces Lord Chief Justice de Irlanda del Norte), quien anuló la sentencia inicial.

c) El juez que denunció a nueve policías por comer pizzas. Sucedió en La Plata, Argentina, en 2011: la novena policial fue denunciada por un juez tras ser descubiertos comiendo unas pizzas en lugar de cumplir la orden judicial de trasladar a dos detenidos. El juez Guillermo Atencio aguardó en sus oficinas a que arribaran los detenidos durante una hora. Tras ello, preguntó en la alcaidía acerca de las causas de la demora, y se le informó que “no tenían personal” para cumplir con la orden. El juez se dirigió directamente a la alcaidía para verificar la información, y al llegar, se encontró con los nueve policías almorzando varias pizzas, por lo que radicó una denuncia ante el fiscal de turno, por el delito de presunta desobediencia e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Tras el arribo de Su Excelencia, los policías concluyeron con el almuerzo en forma abrupta, “desaparecieron en fracción de segundos las [pizzas] especiales y las de muzzarella, y finalmente trasladaron hasta el juzgado a los dos detenidos: uno recuperó la libertad y el otro pudo hacer su denuncia”. Tras el incidente, y derivado de la cobertura mediática que recibió, el juez Atencio publicó un artículo intitulado “Pizza-party y autoridad”, donde reconoce que “sin restarle trascendencia al episodio que la originara, resulta manifiesto que no constituye, por su gravedad, algo comparable con otros que cotidianamente ocurren en nuestra sociedad”.

d) Pizza en las últimas cenas de condenados a muerte. En Georgia, Daniel Anthony Lucas fue condenado a muerte por el asesinato de un padre de familia y sus dos hijos menores de edad, durante el robo a la vivienda de las víctimas. Haciendo uso de su derecho a una última cena, pidió una pizza de carne y otros elementos para un banquete italiano. Fue ejecutado el 27 de abril de 2016.Algo muy distinto había ocurrido en Tennessee 2007, cuando Philip Workman, condenado a muerte por el homicidio de un agente de policía pidió que, en lugar de ingerir su última cena, se le diera una pizza vegetariana a una persona en situación de calle. A pesar de que en aquella ocasión el personal penitenciario rechazó la voluntad de Workman, varias personas apoyaron la idea y enviaron cientos de pizzas a Nashville’s Union Rescue Mission, un refugio para personas sin hogar.

e) Pizzero paga la pensión alimenticia…con pizzas. En Italia, tras un divorcio, se impuso a un exmarido y padre la obligación de cubrir una pensión mensual de 300 euros. Derivado de la crisis económica que azotó al país allá por 2010, el pizzaiolo propuso a su exesposa cubrir el monto de la pensión con pizzas de su local. La madre lo denunció penalmente, alegando la falta de pago de la manutención. En 2016, la jueza Chiara Bitozzi, del Tribunal de Padua, resolvió que el progenitor podía seguir cumpliendo con sus obligaciones alimenticias suministrando pizzas.

f) La aplicación de Domino´s Pizza debe ser accesible para personas ciegas. En 2016, Guillermo Robles, de California, demandó a Domino’s Pizza porque su aplicación para pedir pizzas no era accesible. Un juez federal desestimó la demanda argumentando que el gobierno aún no había emitido las regulaciones que las apps y las páginas web tendrían que dar cumplimiento en el marco de lo dispuesto por la Americans With Disabilities Act of 1990. Pero en enero de 2019, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito revirtió la sentencia y devolvió el caso a la corte de distrito, argumentando que la falta de regulaciones específicas ni significaba que Domino´s Pizza escapara a su responsabilidad de brindar “un disfrute pleno e igualitario” de sus servicios a las personas ciegas. No estando de acuerdo con la resolución, Domino´s Pizza presentó un certiorari ante la Corte Suprema, que, en octubre de 2019, desestimó el caso.

g) Recepcionista excluida de los «Pizza Fridays” es indemnizada con 23 000 libras. En 2021, un tribunal laboral de Watford, Reino Unido, resolvió que Malgorzata Lewicka, que trabajaba como recepcionista en una concesionaria de automóviles, fuera indemnizada (por despido injustificado y daño emocional) con 23 000 libras tras haber sufrido una campaña de victimización en su centro de trabajo y, especialmente, por haber sido excluida deliberadamente de los «Pizza Fridays” que se organizaban en la oficina. En la audiencia ante el tribunal, Lewicka dijo que —a diferencia de los demás empleados— a ella nunca le preguntaban qué le gustaría que se pidiera en esos convivios pizzeros. La jueza Jennifer Bartlett constató que varios colegas de Lewicka no le dirigían la palabra, y sostuvo que el ambiente de exclusión experimentado por ella constituyó una victimización, que se prolongó hasta su despido. Asimismo, Bartlett consideró que Lewicka recibía un trato menos favorable como trabajadora a tiempo parcial por ser madre soltera, y que eso equivalía a discriminación sexual.

Epílogo. Pizza 911

Finalmente, en el contexto de la pandemia, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó la reformulación de los mecanismos tradicionales de respuesta a la violencia de género, adoptando canales alternativos de comunicación bien como líneas de atención de emergencia, así como promover el fortalecimiento de redes comunitarias con el objeto de ampliar los medios de denuncia y órdenes de protección en el marco del periodo de confinamiento y restricciones de movilidad. De ese modo, una llamada telefónica a tiempo para “pedir una pizza”, también puede salvar una vida. Así lo entendió una mujer en Ohio, que llamó al 911 pidiendo una pizza, pero realmente estaba reportando un caso de violencia doméstica que estaba sufriendo su madre.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública; maestro en administración pública; licenciado en derecho. Autor de Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos, y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo . Twitter: @anaya_huertas

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Publicado en: Absurdos jurídicos