“Friend? But you two are so… different!”
—Scalia/Ginsburg (Ópera).
Preludio
Ambrose Bierce dijo que la amistad es un barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta. El vasto océano temático que puede ser navegado en torno a la justice Ruth Bader Ginsburg, fallecida el 18 de septiembre de 2020, incluye una pequeña isla que ofrece un paisaje prometedor por explorar: su vínculo con el justice Antonin Scalia (fallecido en febrero de 2016).
Es conocida y plenamente documentada la discrepancia entre ambos justices, por ejemplo, al analizar las sentencias adoptadas en el año 2014 por la Corte Suprema de Estados Unidos, Bowers, Liptak y Willis, evidencian la falta de concordancia entre Ginsburg y Scalia, a la hora de votar. Mientras que con la justice Elena Kagan, Bader Ginsburg tuvo una concordancia del 93 %, con Scalia solo fue del 70 % (Bader Ginsburg solo tuvo menos concordancia con los justices Alito (67 %) y Thomas (66 %). Por su parte, la mayor concordancia de Scalia fue con el mayor discordante con Bader: Thomas (91 %), y la menor concordancia la tuvo con el justice Breyer (69 %). La segunda menor concordancia de Scalia fue, precisamente, con Bader Ginsburg (70 %).
Por su parte, en Empirical SCOTUS: Interesting meetings of the minds of Supreme Court justices, Adam Feldman presenta un diagrama que muestra con claridad la distancia ideológica entre Bader Ginsburg y Scalia (notable, aunque no tan marcada como la existente entre los justices Clarence Thomas y Sonia Sotomayor).
Pero ese distanciamiento en el ejercicio de la judicatura (al grado de que, de acuerdo con Lawrence Hurley, de Reuters, ella dijo: “I love him but sometimes I’d like to strangle him”), no mancilló un ápice la convivencia civilizada entre ambos. Al morir Scalia, Bader Ginsburg dijo: “we were best buddies”.
La presente nota ofrece tan solo una perspectiva “de postal”, en dos dimensiones, del vínculo entre Bader y Scalia: su amistad y su gusto compartido por la ópera. Corresponde a otras investigaciones adentrarse en las profundidades de otras dimensiones que, a pesar de las antípodas de sus respectivas filosofías judiciales, y de las tormentas a las que se refiere Bierce, lograron que persistiera la afinidad entre dos seres aparentemente tan distintos.

Ilustración: Oldemar González
Primer Acto: la foto con el elefante
Hay una foto muy conocida que la justice Bader Ginsburg atesoraba en su oficina, y en la que aparecen juntos ella y Scalia montados en un magnífico elefante, durante un viaje común a India; ella está sentada detrás de él ¿por qué? La justice dijo que el conductor explicó que se trataba de una cuestión de distribución de peso. También compartieron turismo aventura, incluyendo lanchas de motor y paracaidismo.
Pero más allá de este tipo de experiencias, hay, cuando menos, algunos indicadores que dan prueba de una amistad genuina:
1. Compartían la cena de Año Nuevo con sus familias y amistades. Una de las principales reglas para la cena era: “Scalia lo mata y Marty (el esposo de Ruth Bader) lo cocina”.
2. En 2010, cuanto el Chief Justice, durante una sesión del Pleno, anunció el fallecimiento de Marty, Scalia no pudo contener las lágrimas.
3. Corre el rumor de que Scalia algo tuvo que ver en la nominación de Bader Ginsburg, en 1993, para ser justice. Cuando el presidente Clinton ponderaba las opciones, algunos law clerks preguntaron a Scalia: “Si tuvieras que pasar el resto de tus días discutiendo con Mario Cuomo, o con Laurence Tribe, ¿a quién elegirías?” Respondió: “a Ruth Bader Ginsburg”.
4. Cuando Marty, el esposo de Ruth Bader, y algunos colaboradores organizaron una fiesta para celebrar los 10 años de ella en el Tribunal de Apelaciones, el único justice que acudió fue Scalia.
Segundo Acto: el gusto por la ópera en otro nivel
El gusto de Ruth Bader Ginsburg por la música, y particularmente, por la ópera, comenzó en 1944, cuando su tía, que era maestra de inglés, la llevó a una escuela secundaria donde se daba una representación abreviada de La Gioconda, de Ponchielli. La justice quedó asombrada, y aseguró que nunca había escuchado una música tan gloriosa. Por su parte, Alex Ross, con la ayuda de Jeffrey Toobin cartografiaron con mayor detalle las preferencias operísticas de Bader, señalando tres datos interesantes: a) en 1961, la justice estuvo presente en el legendario debut operístico de Leontyne Price, en el Met.; b) su hijo, James Ginsburg, es el propietario de Cedille Records, especializado en música clásica, y c) su nuera, Patrice Michaels, es cantante activa.
Entre sus discos favoritos estaban:
1. Verdi, Aida (con Zinka Milanov, Jussi Björling, Leonard Warren, Fedora Barbieri, y Boris Christoff).
2. Verdi, Otelo (con Plácido Domingo, Renata Scotto, y Sherrill Milnes).
3. Haendel, Julio Cesar (con Norman Treigle, Beverly Sills, Maureen Forrester, y Beverly Wolff). Disco escuchado muchas veces, según dijo la propia justice.
4. Mozart, Don Giovanni (con Cesare Siepi, Fernando Corena, Suzanne Danco, Lisa Della Casa, Anton Dermota, Hilde Gueden, Walter Berry, y Kurt Böhme).
5. Mozart, Las Bodas de Fígaro (con Samuel Ramey, Lucia Popp, Thomas Allen, Kiri Te Kanawa, Frederica von Stade, Kurt Moll, y Robert Tear) (nota: Don Giovani y Las Bodas de Fígaro fueron las óperas más amadas por Bader Ginsburg).
6. Strauss, El Caballero de la Rosa (con Elisabeth Schwarzkopf, Christa Ludwig, Teresa Stich-Randall, Otto Edelmann, Eberhard Wächter, Ljuba Welitsch, y Nicolai Gedda).
7. Puccini, Tosca (con Maria Callas, Giuseppe Di Stefano, y Tito Gobbi).
8. Menotti, El Medium (con Joyce Castle y Patrice Michaels).
9. Stravinsky, El progreso del libertino (con Philip Langridge, Samuel Ramey, Cathryn Pope, Stafford Dean, Sarah Walker, John Dobson, y Astrid Varnay).
10. Britten, Billy Budd (con Nathan Gunn, Ian Bostridge, y Gidon Saks).
Adicionalmente, la justice Bader Ginsburg, cuando trabajaba en casa, solía escuchar “An mein Herz”, de Schubert, y otros lieder de Brahms.
¿Qué hay de los gustos musicales del justice Scalia?
A propósito de su gusto por la ópera, en octubre de 2012, el justice Scalia concedió una entrevista al programa radiofónico Mad About Music, donde, entre otros temas, compartió lo siguiente:
1. La primera ópera que recuerda haber visto fue Gianni Schicchi,de Puccini.
2. Estudió piano durante 15 años y se solventaba en algunas sonatas de Beethoven.
3. Tocó el corno francés en la banda escolar.
4. Su coloratura: tenor.
5. Siendo magistrado de Circuito seguía participando en coros (cantó en el Réquiem Alemán, de Brahms).
6. Además de Ariadne auf Naxos, entre sus óperas favoritas se encontraba El Caballero de la Rosa, también de Strauss.
7. Le habría gustado ser el narrador en Lincoln Portrait de Aaron Copland.
8. No consideraba que tener sensibilidad para la música clásica o la ópera sea factor para ser un mejor justice.
9. Aseguraba que la acústica en el salón de plenos de la Corte Suprema es magnífica.
10. Tuvo un iPod y lo usaba durante los vuelos, principalmente con música barroca.
11. No tenía claro qué tipo de música le gustaría que se representase durante su funeral.
12. No le gustaba el rock moderno.
13. Renée Fleming y Plácido Domingo eran sus cantantes favoritos.
14. Glenn Gould era uno de sus pianistas predilectos.
15. Solti y Furtwängler eran sus directores predilectos.
16. La primera sinfonía de William Boyce estaba entre sus obras favoritas.
17. Si hubiera podido ser estrella de la música habría elegido ser un gran tenor. Le habría gustado ser Rodolfo en La Bohemia; en segundo término, habría sido violinista.
Como puede apreciarse, entre los justices Bader y Scalia, mucho más allá de sus diferencias —evidentes en las discusiones de la Corte Suprema—, existía una proximidad gracias a la música y, especialmente, a la ópera. Y no sólo cultivaron la costumbre de ir juntos a la ópera, sino que llevaron ese gusto a otro nivel: ambos aparecieron —como extras— en Ariadne Auf Naxos. Ninguno de ellos cantó, pero permanecieron en el escenario durante noventa minutos.
Tercer Acto: Scalia/Ginsburg: A (Gentle) Parody of Operatic Proportions
La amistad entre Ruth Bader Ginsburg y Antonin Scalia escaló a tal proporción, que Derrick Wang compuso una ópera llamada Scalia/Ginsburg: A (Gentle) Parody of Operatic Proportions. El libreto (con sus 248 notas a pie de página) está inspirado en el corpus de opiniones emitidas por ambos justices en la Suprema Corte, y reconoce el valor los precedentes operísticos de Haendel, Mozart, Verdi, Bizet, Sullivan, Puccini, Strauss, etcétera.
Fundamentalmente, Scalia/Ginsburg (considerada por la crítica como una pièce d’occasion), es una ópera cómica acerca de la amistad en un mundo dividido, y tiene un atractivo menú de arias, duettinos y recitativos:
• “The Justices are blind!” (Scalia).
• “Always ‘liberal’”(Scalia, Ginsburg).
• “You are searching in vain (for a bright-line solution)” (Ginsburg).
• “He built stairs” (Scalia).
• “You, sir, are wrong here” (Ginsburg).
• “I asked for silence” (Commentator).
• “Structure is destiny” (Scalia).
• “We are different. We are one” (Scalia, Ginsburg).
La primera aria reconoce la filia originalista de Scalia:
Scalia:
The Justices are blind!
How can they possibly spout this—?
The Constitution says absolutely nothing about this.
Y uno de los duetos, casi al final, sintetiza el vínculo, con exquisita precisión:
Scalia, Ginsburg:
We are different.
We are one.
The U.S. contradiction—Scalia:
The tension we adore.Scalia, Ginsburg:
Separate strands unite in friction
To protect our country’s core.
This, the strength of our nation,
Thus is our Court’s design:
We are kindred,
We are nine.
(…)
And this is why we will see justice done:
We are different;
We are one.
La primera versión de la ópera de Wang tuvo una revisión tras la muerte de Scalia; probablemente, el fallecimiento de Bader Ginsburg podría inspirar al compositor para agregar un duettino, en otra adscripción.
Postludio
Mi hipótesis: el barco de la amistad entre Ruth Bader Ginsburg y Antonin Scalia pudo llevar a los dos, aún en caso de tormenta, gracias a la ópera.
Mi verificación: a) banalizando la “Ley de Faraday”: polos opuestos se atraen; y b) tomando prestado de Cioran: “la pasión por la música es en sí misma una confesión. Más sabemos de un desconocido que la tiene que de alguien insensible a ella y que frecuentamos a diario”.
Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública; maestro en administración pública; licenciado en derecho. Autor de Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos,y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo. Twitter: @anaya_huertas.