Un aspecto que en no pocas ocasiones se olvida de las decisiones de una corte constitucional es su impacto social. Los cambios en los hábitos y percepciones de una sociedad que, gradualmente, pueden derivar de una sentencia. En efecto, más allá de la argumentación, la narrativa constitucional, el sentido de la decisión y los votos disidentes, existe otro elemento de enorme relevancia que se desprende de un fallo jurisdiccional: sus consecuencias en el tejido de una sociedad.

Pensemos, en este contexto, en la sentencia de nuestra Suprema Corte que ratifica la constitucionalidad del matrimonio y adopción gay en el Distrito Federal. Se trata de una decisión que marca un parte aguas para ampliar la discusión en torno a temas como ciudadanía, democracia y percepciones sociales acerca de la homosexualidad. Y que sin duda tendrá un significativo impacto en la sociedad mexicana. Así, las siguientes líneas buscan esbozar algunas de las consecuencias sociales de esta relevante decisión –consciente, claro está, de que este ejercicio es hasta cierto punto subjetivo: mis reflexiones al respecto están definidas por  el rompecabezas de experiencias de mi vida-.

Así, hace algunos días, por ejemplo, me enteré que un conocido se casaba. Mi reacción reflejo fue preguntar quién era la novia. Como balde de agua fría, la respuesta que recibí fue que mi amigo se casaba con su prometido. Un año atrás, esta opción no era posible y de ahí que mi lógica me llevó a pensar a mi conocido bajo la “normalidad” heterosexual. Por ello, si nuestro código civil ahora define al matrimonio como la unión entre dos personas, esto amplía el concepto de familia y matrimonio. Hay un efecto claro e inmediato, primero, en el lenguaje y, después, en los arreglos de la sociedad misma. De esto se desprende que una decisión como la de la Corte, retome la idea de Joan W. Scott: las familias se organizan con referencia a relaciones legales y no sexuales. En otras palabras, primero se establecen de manera legislativa y después se justifican apelando a la biología.[i] Así, si el concepto de matrimonio funciona como “una ficción, un artefacto social, que habiendo sido producida y reproducida con la garantía del Estado, recibe a cada momento del Estado los medios para existir y subsistir”[ii], a partir de ahora, las uniones entre dos personas del mismo sexo y las familias homoparentales eliminarán ese supuesto esencialismo del matrimonio, del que yo misma fui presa.

Como consecuencia, el imaginario colectivo integrará un abanico de posibilidades y configuración de la sociedad mucho más amplia, legítima y protegida por la ley. Precisamente, por ello, uno de los cambios que anticipo es que el matrimonio para parejas del mismo sexo ayudará a cambiar el estereotipo social que persiste en torno al homosexual y a alejarlo de la idea de promiscuidad. También, creo que el hecho de que el Estado legitime a las parejas del mismo sexo tendrá un efecto en la movilización colectiva del grupo Lésbico, Gay, Bisexual y Transexual (LGBT). Uno de los objetivos tradicionales del movimiento LGBT ha sido la búsqueda por la normalización de la homosexualidad y para ello la sentencia de nuestra corte constitucional es clave para la intensificación de la normalización y, paralelamente, de la visibilización del homosexual como sujetos de derechos.

Cada cambio social, sin embargo, viene acompañado de su reacción y de ahí que otra consecuencia social de esta sentencia de la Corte es que se exacerbe la homofobia (efecto latigazo), como incluso llegaron a argumentar algunos de los propios activistas LGBT durante el proceso de discusión de la ley en la ALDF y que para términos discursivos se ha materializado en opiniones polarizadas y declaraciones de grupos conservadores que intentan mantener el prejuicio del homosexual como un enfermo y anormal. Muestra de esto son las declaraciones públicas de algunos actores políticos, como las del Gobernador de Jalisco o los intentos de algunos legisladores locales que llegaron incluso a sugerir la creación de espacios aislados para los homosexuales en restaurantes, etcétera.

Al mismo tiempo estos dos fenómenos, la normalización y la visibilización, son los que hoy han dado un sentimiento de libertad a la comunidad LGBT en México. Hoy, más y más jóvenes se atreven a salir del clóset. Esto se traduce en que un tema privado, como la orientación sexual, se convierta en un tema público y político. ¿Podrá evolucionar la sociedad mexicana de tal forma que apoye cambios, surgidos de ella  misma, para que todo tipo de discriminación tanto en lo público como en lo privado, sea abolida? Esto dependerá de que socialmente se acepte y reconozca que cada derecho y cada responsabilidad que los heterosexuales tienen, pueden disfrutarse y extenderse también a los homosexuales, como una cuestión de democracia y pluralidad. Como afirma Marta Lamas es el Estado -y yo agregaría, que en este caso, la Constitución- quien reconoce que la “demanda de igualdad ciudadana toca la definición misma de sociedad democrática, y como la democracia se lleva a cabo también en la ética de las normas sexuales, respetar la orientación sexual implica defender la vida democrática de nuestra sociedad.”[iii]

En suma, y creo que de forma positiva, la normalización y la visibilidad provocarán un devenir de cambios en la sociedad. Toda ley tiene como propósito general enmarcar las conductas de los ciudadanos, ser un referente, y la sentencia de la Suprema Corte sirve precisamente para encuadrar la discusión nacional en torno a los temas del reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo. De ahí la importancia de esta sentencia, pues tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de las poblaciones LGBT y dignificarlos ante los ojos del Estado y la sociedad.

Hoy, mi amigo y su ahora esposo, los recién casados, están por regresar de su luna de miel; por su parte, la primera pareja de lesbianas que se casó en el Distrito Federal Lol Kin Castañeda, como derechohabiente afiliará a su pareja Judith Vázquez, después de ganar el primer amparo contra el IMSS. Espero que estas parejas y sus historias, que también conforman parte del paisaje de la sociedad mexicana, sean las primeras de muchas más que gozarán de los beneficios de tener la opción del matrimonio y de la adopción. Esto último, como producto de que la maquinaria institucional de la Suprema Corte reconoció temas como la orientación sexual y la no discriminación. No olvidemos que sus sentencias paulatina y, en ocasiones, imperceptiblemente permean en la vida de todos los mexicanos y, aunque normalmente no nos detengamos a analizar cómo y a quiénes afectan sus decisiones, creo que el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo es un recordatorio del papel tan determinante que juegan los ministros. Sus decisiones resuenan en la vida cotidiana. Vaya, hasta retumban en el lecho nupcial.

Ana Tovar (@anitatovarf). Organizadora  de la “Semana de Diversidad Sexual” del ITAM.


[i] 2009. Butler, Judith, “Is Kinship Always Already Heterosexual?”, Undoing Gender, Routledge, Nueva York, 2004, pp. 102-130.

[ii] Eric Fassin cita a Pierre Bourdieu retomando sus ideas sobre la familia, para los propósitos de este ensayo será adaptada, también, a la idea del matrimonio. Fassin, Eric, “A propósito de las familias homoparentales”, Debate feminista.,Año 16. Vol. 32, Octubre 2005, pp. 52-71.

[iii] Lamas, Marta, “Las bodas gay en España”, Debate feminista, Año 16, Vol. 32, Octubre 2005, pp. 114-132.

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